Misa del Ciego de Nacimiento.


Rito Hispano-Mozárabe
7 de Marzo de 2010

DOMINGO III DE CUARESMA, MISA DEL CIEGO DE NACIMIENTO.
negro o morado
Misa propia.
- Missale Hispano-Mozarabicum: vol. I, pág. 219-225.
- Liber Commicus: vol. I, pág. 129-135:
Lectura sapiencial: Prov 20,17-28.
Lectura histórica: Núm 22,2-23,10.
Psallendum: Sal 35,8a.11-12.
Apóstol: 1Jn 1,5-9.
Evangelio: Jn 9,1-38.
- Breviarium Gothicum: In III dominico Quadragesimae

Lecturas:

Lectura sapiencial

Lectura del libro de los Proverbios (Prov 20, 17-28).

R. Demos gracias a Dios.

Hijo: Sabe dulce el pan sustraído, pero después la boca se llena de guijos. Prepara tus planes con consejo y haz la guerra con táctica. El que anda charlando divulga secretos, no te juntes con el de labios fáciles. Al que maldice a su padre y a su madre se le apagará la lámpara en plena oscuridad. Fortuna que comienza muy de prisa al final no prosperará. No digas: «Me las pagará»; espera en el Señor, que él te defenderá. El Señor aborrece pesas desiguales, no es buena la balanza falsa. El Señor dirige los pasos del hombre, ¿cómo puede el hombre entender su camino? Es tentación hacer en seguida un voto y pensar después de haber prometido. Rey prudente avienta a los malvados y hace rodar el trillo sobre ellos. El espíritu humano es lámpara del Señor que sondea lo íntimo de las entrañas. Misericordia y lealtad guardan al rey, la justicia segura su trono. R. Amén.


Lectura histórica

Lectura del libro de los Números (Nm 22, 2-23, 10).

R. Demos gracias a Dios.

En aquellos días, Balac, hijo de Sipor, vio cómo había tratado Israel a los amorreos, y Moab tuvo miedo de aquel pueblo tan numeroso; Moab tembló ante los israelitas. Y dijo a los senadores de Madián: Esa horda va a apacentarse en nuestra comarca como un buey que pace la hierba de la pradera. Balac, hijo de Sipor, era entonces rey de Moab. Y despachó correos a Balaán, hijo de Beor, que habitaba en Petor, junto al Eufrates, en tierra de amonitas, para que lo llamaran, diciéndole: Ha salido de Egipto un pueblo que cubre la superficie de la tierra, y se ha establecido frente a nosotros. Ven, por favor, a maldecirme a ese pueblo, que me excede en número, a ver si logro derrotarlo y expulsarlo de la región. Pues sé que el que tú bendices queda bendecido y el que tú maldices queda maldecido. Los senadores de Moab y de Madián fueron con el precio del conjuro a donde estaba Balaán y le transmitieron el mensaje de Balac. Él les dijo: Dormid esta noche aquí y os comunicaré lo que el Señor me diga. Los jefes de Moab se quedaron con Balaán. Dios vino a ver a Balaán y le preguntó: ¿Quiénes son esos que están contigo? Contestó Balaán: Me los ha enviado Balac, hijo de Sipor, rey de Moab, con este mensaje: «Un pueblo ha salido de Egipto que cubre la superficie de la tierra; ven pronto a maldecírmelos, a ver si logro pelear con ellos y expulsarlos». Dios dijo a Balaán: No vayas con ellos ni maldigas a ese pueblo, que es bendito. Balaán se levantó a la mañana siguiente y dijo a los ministros de Balac: Volved a vuestra tierra, pues el Señor no me deja ir con vosotros. [Los jefes de Moab se levantaron, y llegados a casa de Balac, le dijeron: Balaán se ha negado a venir con nosotros. Pero Balac despachó otros jefes más numerosos e importantes que los anteriores, los cuales llegaron a donde estaba Balaán y le dijeron: Así dice Balac, hijo de Sipor: No rehúses venir a verme, pues te haré muy rico y haré todo lo que me digas. Ven, por favor, a maldecirme este pueblo. Balaán respondió a los ministros de Balac: Aunque me diera su palacio lleno de oro y plata, yo no podría quebrantar el mandato del Señor, mi Dios, ni poco ni mucho. Por tanto, quedaos aquí esta noche, hasta que sepa lo que me dice el Señor esta vez. Dios vino de noche a donde estaba Balaán y le dijo: Ya que esos hombres han venido a llamarte, levántate y vete con ellos; pero harás lo que yo te diga. Balaán se levantó de mañana, aparejó la borrica y se fue con los jefes de Moab. Al verlo ir, se encendió la ira de Dios, y el ángel del Señor se plantó en el camino haciéndole frente. El iba montado en la borrica, acompañado de dos criados. La borrica, al ver al ángel del Señor plantado en el camino, con la espada desenvainada en la mano, se desvió del camino y tiró por el campo. Pero Balaán le dio de palos para volverla al camino. El ángel del Señor se colocó en un paso estrecho, entre viñas, con dos cercas a ambos lados. La borrica, al ver al ángel del Señor, se arrimó a la cerca, pillándole la pierna a Balaán contra la tapia. El la volvió a golpear. El ángel del Señor se adelantó y se colocó en un paso angosto, que no permitía desviarse ni a derecha ni a izquierda. Al ver la borrica al ángel del Señor, se tumbó debajo de Balaán. El, enfurecido, se puso a golpearla. El Señor abrió la boca a la borrica y ésta dijo a Balaán: ¿Qué te he hecho para que me apalees por tercera vez? Contestó Balaán: Que te burlas de mí. Si tuviera a mano un puñal, ahora mismo te mataría. Dijo la borrica: ¿No soy yo tu borrica, en la que montas desde hace tiempo? ¿Me solía portar contigo así? Contestó él: No. Entonces el Señor abrió los ojos a Balaán, y éste vio al ángel del Señor plantado en el camino con la espada desenvainada en la mano, e inclinándose se postró rostro en tierra. El ángel del Señor le dijo: ¿Por qué golpeas a tu burra por tercera vez? Yo he salido a hacerte frente, porque sigues un mal camino. La borrica me vio y se apartó de mí tres veces. Si no se hubiera apartado, ya te habría matado yo a ti, dejándola viva a ella. Balaán respondió al ángel del Señor: He pecado, porque no sabía que estabas en el camino, frente a mí. Pero ahora, si te parece mal mi viaje, me vuelvo a casa. El ángel del Señor respondió a Balaán: Vete con esos hombres; pero dirás únicamente lo que yo te diga. Y Balaán prosiguió con los ministros de Balac. Cuando Balac oyó que se acercaba Balaán, salió a recibirlo a Ciudad Moab, en la frontera del Arnón, límite de su territorio. Y le dijo: Yo te mandé llamar, ¿por qué no querías venir? ¿No puedo yo hacerte rico? Respondió Balaán: Acabo de llegar a tu casa; pero ¿qué puedo yo decir? Pronunciaré sólo la palabra que el Señor me ponga en la boca. Balaán prosiguió con Balac hasta que llegaron a Ciudad Jusot. Allí Balac hizo matar vacas y ovejas, y ofreció la carne a Balaán y a los jefes que lo acompañaban. A la mañana siguiente Balac tomó a Balaán y subió con él a Monte Baal, desde donde se distinguían las posiciones extremas del pueblo. Balaán dijo a Balac: Haz que me construyan aquí siete altares y que me preparen siete novillos y siete carneros. Balac hizo lo que le pedía Balaán, y juntos ofrecieron una vaca y un carnero en cada altar. Después Balaán dijo a Balac: Quédate junto a los holocaustos mientras yo voy a ver si el Señor me sale al encuentro. Lo que él me manifieste, te lo comunicaré. Y se fue a una altura pelada. Cuando Dios salió al encuentro de Balaán, éste le dijo: He preparado los siete altares y he ofrecido un novillo y un carnero en cada uno. El Señor puso su palabra en boca de Balaán y le encargó: Vuelve a Balac y dile esto. El volvió y lo encontró de pie junto al holocausto, con todos los jefes de Moab. Entonces él recitó sus versos: «De Siria me ha traído Balac, de los montes de oriente el rey de Moab: 'Ven y maldíceme a Jacob, ven y fulmina a Israel'. ¿Puedo maldecir a quien no maldice Dios, puedo fulminar a quien no fulmina el Señor? Desde la cima roqueña los veo, desde la altura los contemplo: Es un pueblo que habita apartado y no se cuenta entre las naciones. ¿Quién podrá medir el polvo de Jacob, quién podrá contar la arena de Israel? Que mi suerte sea la de los justos, que mi fin sea como el suyo». ] R. Amén.


Psallendum (Sal 35, 8a. 11s)

Qué inapreciable es tu misericordia, Señor, Dios mío. V. Prolonga tu misericordia con los que te reconocen, tu justicia con los rectos de corazón. R. Dios mío. V. Que no me pise el pie del soberbio, que no me eche fuera la mano del malvado. R. Dios mío.


Apóstol

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan (1Jn 1, 5-9).

R. Demos gracias a Dios.

Carísimos: Os anunciamos el mensaje que le hemos oíd a El: Dios es luz sin tiniebla alguna. Si décimos que estamos unidos a El, mientras vivimos en las tinieblas, mentimos con palabras y obras. Pero si vivimos en la luz, lo mismo que El está en la luz, entonces estamos unidos unos con otros y la sangre de su Hijo Jesús nos limpia le pecados. Si decimos que no hemos pecado, nos engañamos y no somos sinceros. Pero si confesamos nuestros pecados, El, que es fiel y justo nos perdonará los pecados y nos limpiará de toda injusticia. R. Amén.


Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (Jn 9, 1-38).

R. Gloria a ti Señor.

En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Y sus discípulos le preguntaron: «Maestro, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que naciera ciego?» Jesús contestó: «Ni éste pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios. Mientras es de día, tenemos que hacer las obras del que me ha enviado; viene la noche, y nadie podrá hacerlas. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo». Dicho esto, escupió en tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego y le dijo: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado)». Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: «¿No es ése el que se sentaba a pedir?». Unos decían: «El mismo.» Otros decían: «No es él, pero se le parece.» Él respondía: «Soy yo.» Y le preguntaban: «¿Y cómo se te han abierto los ojos?» Él contestó: «Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, me lo untó en los ojos y me dijo que fuese a Siloé y que me lavase. Entonces fui, me lavé, y empecé a ver. » Le preguntaron: «¿Dónde está él? » Contestó: «No sé.» Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. Él les contestó: «Me puso barro en los ojos, me lavé, y veo.» Algunos de los fariseos comentaban: «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado.» Otros replicaban: «¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?» Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego: «Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?» Él contestó: «Que es un profeta.» Pero los judíos no se creyeron que aquél había sido ciego y había recibido la vista, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron: «¿Es éste vuestro hijo, de quien decís vosotros que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?» Sus padres contestaron: «Sabernos que éste es nuestro hijo y que nació ciego; pero cómo ve ahora, no lo sabemos nosotros, y quién le ha abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos. Preguntádselo a él, que es mayor y puede explicarse.» Sus padres respondieron así porque tenían miedo a los judíos; porque los judíos ya habían acordado excluir de la sinagoga a quien reconociera a Jesús por Mesías. Por eso sus padres dijeron: “Ya es mayor, preguntádselo a él.” Llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron: «Confiésalo ante Dios: nosotros sabemos que ese hombre es un pecador.» Contestó él: «Si es un pecador, no lo sé; sólo sé que yo era ciego y ahora veo.» Le preguntaron de nuevo: ¿«Qué te hizo, cómo te abrió los ojos?» Les contestó: «Os lo he dicho ya, y no me habéis hecho caso; ¿para qué queréis oírlo otra vez?; ¿también vosotros queréis haceros discípulos suyos? » Ellos lo llenaron de improperios y le dijeron: «Discípulo de ése lo serás tú; nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios, pero ése no sabemos de dónde viene.» Replicó él: «Pues eso es lo raro: que vosotros no sabéis de dónde viene y, sin embargo, ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino al que es religioso y hace su voluntad. Jamás se oyó decir que nadie le abriera los ojos a un ciego de nacimiento; si éste no viniera, de Dios, no tendría ningún poder.» Le replicaron». «Empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?» Y lo expulsaron. Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: «¿Crees tú en el Hijo del hombre?» Él contestó: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?» Jesús le dijo «Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es.» Él dijo: «Creo, Señor.» Y se postró ante él. R. Amén.


Laudes (Sal 104, 1a. 4)

Alabad al Señor, invocad su nombre. V. Buscad al Señor y él os confortará, buscad siempre su rostro. R. Invocad su nombre.