martes 29 de diciembre de 2009

El magisterio de Pío XII sobre la liturgia


Además de su testimonio celebrativo, Pío XII nos dejó numerosas alusiones sobre la sagrada liturgia en sus escritos magisteriales. Se aprecia en ellos la creciente sensibilidad hacia la dimensión cultual del cristianismo, a su legítimo pluralismo y su centralidad para la fe y la vida del pueblo cristiano. De entre sus escritos sobresalen dos de gran importancia: la encíclica Mediator Dei (1947) y su discurso a los participantes al Congreso de Liturgia celebrado en Asís (1956). Su magisterio litúrgico, junto con sus disposiciones en materia litúrgica[1], hicieron de Pío XII un papa de especial importancia para la renovación litúrgica del rito romano hasta nuestros días.


Fuentes:

Discursos y radiomensajes de su santidad Pío XII, 4 vol., Ediciones Acción Católica Española, Madrid, 1946-52. (=Discursos y radiomensajes)

Discorsi e radiomessaggi di sua santità Pio XII, 20 vol., Città del Vaticano, 1960. (=Discorsi)


Magisterio:

Al episcopado y a los fieles del rito greco-melquita (16/V/1939)[2].

En este discurso a la colonia melquita en Roma, el papa se refiere al rito greco-melquita como un rito muy noble y antiguo, calificando a las liturgias bizantinas de «splendides».

Las enseñanzas de la liturgia (5/VII/1939)[3].

En esta Audiencia General, el papa se dirige a los nuevos esposos, explicando los ritos del matrimonio, del que los contrayentes han sido ministros. Distingue tres momentos de sumo relieve: el mutuo consentimiento, confirmado y ratificado por la bendición y la entrega del anillo, «símbolo de fidelidad íntegra e indefectible»; la Epístola, que considera momento instructivo; después del Pater Noster, la bendición de los esposos.

La castidad conyugal (6/XII/1939)[4].

En esta Alocución el papa muestra cómo la lex orandi expresa la fe de la Iglesia, cuando habla de su Inmaculada Concepción: «...María fue inmaculada ya desde su misma concepción, para ser digna Madre del Salvador. Por ello la Iglesia en su liturgia, en la que resuena el eco de sus dogmas, se expresa así: “Oh Dios, que por la Inmaculada Concepción de la Virgen preparaste a tu Hijo morada digna en Él” (Orat. in festo Immac. Concep. B. M. V.)».


Directrices del pastor supremo a los párrocos y predicadores cuaresmales de Roma (6/II/1940)[5].

El papa exhorta a los párrocos para que su dignidad resplandezca en el pueblo, para que conozca y comprenda con viva fe el significado y el valor de los sacramentos, que con inteligencia y participación personal puedan seguir las admirables ceremonias y la inefable belleza de la liturgia.

A los fieles del rito bizantino en Italia (18/10/1940)[6].

El papa recuerda que tanto él como sus predecesores cuidan de que se observen los usos legítimos del rito y las prescripciones de la liturgia, de modo que esa fidelidad suscite en los fieles el amor a la normativa eclesiástica y al culto divino. También sostiene que la diversidad del rito no debe ir en contra de la unidad de la fe y la caridad.

A la archicofradía de la adoración perpetua y de socorro a las iglesias pobres (1/V/1941)[7].

El espíritu de fe es el vínculo sustancial de los fieles con su parroquia, y esa fe se apoya en la materia. Aquí encontramos un eco de la actuosa participatio: «¿No es verdad que la participación asidua y activa en la vida parroquial y en sus obras, la asistencia frecuente a la iglesia y a sus funciones sagradas, resultarían facilitadas y ayudadas en grado sumo cuando el ornato de los sacros altares sea una dulce invitación y una potente atracción así para los ojos del alma como para la devoción religiosa, ávida siempre de belleza aun en las iglesias?».

Consideraciones y exhortaciones en torno a la oración (13/III/1943)[8].

En estas consideraciones el papa afirma que de todas las prácticas de piedad, la máxima, la más eficaz y de santa devoción es la participación de los fieles en el santo Sacrificio, por los cuales ora el sacerdote en el acto de ofrecer la víctima divina. También exhorta a gustar de la profunda belleza de la plegaria litúrgica de la misa y a participar activamente. En este sentido, considera el misal como el máximo libro de devoción e la Iglesia.

Encíclica «Orientalis Ecclesiae» (9/IV/1944)[9].

En esta Encíclica se vuelve a hablar sobre ala legítima libertad, el genio y la historia de los ritos orientales, fundados en una legítima y antigua tradición. Se vuelve a insistir en la unidad en la pluralidad de expresiones rituales.

Instrucción pastoral sobre los sacramentos (7/II/1945)[10].

En esta audiencia el papa habla de la ‘impresión psicológica’ que dejan las ceremonias eclesiásticas. El sacerdote debe realizar los ritos de forma majestuosa pero sin afectación, signo de fe profunda y de íntimo recogimiento.

Homilía en la “capilla papal” de la Basílica de Ostia (18/IX/1947)[11].

En esta homilía el papa alude a la expresión opus Dei, que refieren los benedictinos al Oficio Divino, a la que tienen tanta dedicación y diligencia. Describe la liturgia como omnis cultus Ecclesiae auctoritate constitutus

Encíclica «Mediator Dei et hominum» (20/XI/1947)[12].

Esta encíclica ha sido considerada como la Carta Magna del movimiento litúrgico. Los documentos posteriores, especialmente la Constitución Sacrosanctum Concilium, la tuvieron en cuenta como fundamento teológico-magisterial de las reformas que se fueron sucediendo. Salió al paso de la doctrina caseliana de los misterios, asumiendo parte de la misma y descartando algunas de sus conclusiones. También menciona algunos abusos y reinterpreta el adagio de Próspero de Aquitania dando primacía a la lex credendi sobre la lex orandi. Reacciona también ante un liturgismo exagerado y critica algunas tendencias y explicaciones litúrgicas de su tiempo. Se ha querido ver también en la encíclica las bases de la teología de la participación litúrgica[13].

El celo por el culto eucarístico (8/II/1949)[14].

El papa habla del celo por la belleza de la casa de Dios, la necesidad y urgencia de dar decoro a las iglesias y da las razones de la pobreza y miseria de los ornamentos en algunas iglesias: al egoísmo y a la indigencia.

Radiomensaje al Congreso interamericano de educación católica (6/X/1948)[15].

La instrucción religiosa debe ir unida al «santo temor de Dios, la costumbre de recogerse en oración, y la participación plena y consciente en el espíritu del Año litúrgico de la Santa Madre Iglesia, fuente de incontables gracias».

A los párrocos y predicadores cuaresmales de Roma (23/III/1949)[16].

Para el papa la misa es la sustancia y el sentido de la liturgia. Dispone al Año Santo (a. 1950), y se debe participar en ella de manera consciente y personal. Dicha participación debe tener una resonancia en la vida cotidiana, de forma que los propios sacrificios se deben unir al sacrificio de Cristo.

Constitución Apostólica «Munificentissimus Deus» (1/XI/1950)[17].

El papa usa el argumento litúrgico para probar el dogma de la Asunción. Cita documentos litúrgicos: Sacramentarium Gregorianum, Sacramentarium Gallicanum, etc.[18]

En el octogésimo aniversario de la Primaria Associazione Artistico-operaria (7/XII/1952)[19].

En esta Audiencia el papa habla del Adviento como disposición para la Navidad, y de paso describe la liturgia como ‘fuente preciosa y perenne de luz y de alegría’.

Discurso al sacro colegio y al episcopado sobre el sacerdocio y el gobierno pastoral (2/XI/1954)[20].

En este discurso, Pío XII advierte a los obispos acerca de la improvisación y el abandono en el cumplimiento fiel de las rúbricas. Ellas obligan a todos, incluso a los estudiosos en sagrada Liturgia. Este abuso iría en contra de los cánones (código de 1917) 1257 y 818.

Encíclica «Musicae sacrae disciplina» (25/XII/1955)[21].

En este encíclica se valora el canto gregoriano sobre el polifónico, aunque dicha preferencia se debe ajustar en lo que se refiere a otros ritos, sive occidentalium populorum, ut Ambrosiani, Gallicani, Mozarabici, sive variorum Rituum Orientalium. Los tesoros litúrgicos de canto (cantu liturgico pretiosos) de estas tradiciones se deben conservar. Se da una especial atención a los ritos orientales.

Discurso a los participantes al Congreso Internacional de Liturgia Pastoral (22/IX/1956)[22].

A. Bugnini destacó la importancia que otorgó Pío XII a este Congreso por medio de su discurso, junto con la intervención del entonces prefecto de la Congregación de Ritos, Gaetano Cicognani[23]. En ese discurso, Pío XII afirmó: «El movimiento litúrgico aparece como un signo de las disposiciones providenciales de Dios sobre el tiempo presente (signo de los tiempos), como un paso del Espíritu Santo en su Iglesia, para acercar ante todo a los hombres a los misterios de la fe y a las riquezas de la gracia, que corren de la participación activa de los fieles en la vida litúrgica».

Solemne conmemoración de la obra de Benedicto XIV (primera quincena de noviembre de 1958)[24].

Pío XII reconoce el empeño de cultivar los estudios litúrgicos, alabado anteriormente por P. Guéranger (Institutions Liturgiques, II, Paris 1880, 494).

Adolfo Ivorra

León


[1] Revisión del Salterio en 1945, la reforma de la Vigilia Pascual en 1951, las misas vespertinas y la reforma del ayuno en 1953 y la simplificación de rúbricas de 1955.

[2] Discorsi, I, 125s.

[3] Discursos y radiomensajes, I, 239-248. Audiencia general a numerosos peregrinos, junto con un denso grupo de recién casados.

[4] Discursos y radiomensajes, I, 435-437. Palabra dirigida a los esposos cristianos sobre la dignidad de María y el ejemplo de sus virtudes.

[5] Discorsi, I, 517-526.

[6] Discorsi, II, 265-270. Dirigido a los participantes del Sínodo inter-parroquial tenido en la abadía de Santa Maria di Grottaferrata.

[7] Discursos y radiomensajes, III-I, 75-82. Archicofradía instalada en Roma, en la Iglesia del Corpus Domini.

[8] Discorsi, V, 5-17. A los párrocos y predicadores cuaresmales de Roma.

[9] Discorsi, VI, 325-340. Con ocasión del XV centenario de la muerte de san Cirilo de Alejandría.

[10] Discorsi, VI, 307-321. Se trata de la audiencia anual a los párrocos y predicadores cuaresmales de Roma.

[11] Discorsi, IX, 235-241. Con ocasión del XIV centenario del tránsito de san Benito.

[12] Discorsi, IX, 493-561; Salamanca, 1963. Edición junto con la Constitución Sacrosanctum Concilium y estudio introductorio comparativo en: A. Nichols, A Pope and a Council on the Sacred Liturgy, Hampshire, 2002.

[13] Cf. M. Garrido, Grandes maestros y promotores del Movimiento Litúrgico, Madrid, 2008, 18-21.

[14] Discorsi, X, 369-372. Audiencia a la Arciassociazione deel’Adorazione perpetua e di soccorso delle chiese povere.

[15] Discorsi, X, 243-249.

[16] Discorsi, XI, 11-16.

[17] Discorsi, XII, 473-492. Definición dogmática de la Asunción en cuerpo y alma de María al Cielo.

[18] In liturgicis libris, qui festum referunt vel Dormitionis, vel Assumptionis Sanctae Mariae, dictiones habentur, quae concordi quodam modo testantur, cum Deipara Virgo ex hoc terrestri exsilio ad superna pertransiit, sacro eius corporis ex Providentis Dei consilio ea contigisse, quae cum Incarnati Verbi Matris dignitate consentanea essent, cum ceterisque privilegiis eidem impertitis.

[19] Discorsi, XIII, 413-418.

[20] Discorsi, XVI, 245-256.

[21] Discorsi, XVII, 571-588.

[22] Discorsi, XVIII, 465-479; Discurso al Congreso Internacional de Liturgia Pastoral, Barcelona, 1957. Cf. AAVV., Atti del primo Congresso internazionale di pastorale liturgica. Assisi-Roma, 18-22 settembre 1956, Genova, 1957 .Celebrado en Asís, aunque la Audiencia del papa fue Castel Gandolfo.

[23] Cf. A. Bugnini, La riforma liturgica (1948-1975), Roma, 1983, 24.

[24] Discorsi, XX, 453-472.


Adolfo Ivorra

Publicado en Pastoral Litúrgica 306-307 (2008) 73-79.

jueves 24 de diciembre de 2009

Misas de Navidad (Missale Romanum 3ed).

TEMPUS NATIVITATIS

Die 25 decembris

IN NATIVITATE DOMINI

Sollemnitas

Ad Missam in Vigilia

Hæc Missa adhibetur vespere diei 24 decembris sive ante sive post I Vesperas Nativitatis.

Ant. ad introitum Cf. Ex 16, 6-7

Hódie sciétis, quia véniet Dóminus, et salvábit nos,

et mane vidébitis glóriam eius.

Dicitur Glória in excélsis.

Collecta

Deus, qui nos redemptiónis nostræ

ánnua exspectatióne lætíficas,

præsta, ut Unigénitum tuum,

quem læti suscípimus Redemptórem,

veniéntem quoque Iúdicem secúri vidére mereámur

Dóminum nostrum, Iesum Christum.

Qui tecum.

Dicitur Credo. Ad verba Et incarnátus est genuflectitur.

Super oblata

Tanto nos, Dómine, quǽsumus,

promptióre servítio hæc præcúrrere concéde sollémnia,

quanto in his constáre princípium

nostræ redemptiónis osténdis.

Per Christum.

Præfatio de Nativitate, pp. 520-522.

Quando adhibetur Canon romanus, dicitur Communicántes proprium.

Ant. ad communionem Cf. Is 40, 5

Revelábitur glória Dómini,

et vidébit omnis caro salutáre Dei nostri.

Post communionem

Da nobis, quǽsumus, Dómine,

Unigéniti Fílii tui recensíta nativitáte vegetári,

cuius cælésti mystério páscimur et potámur.

Qui vivit et regnat in sǽcula sæculórum.

Ad Missam in nocte

In Nativitate Domini omnes sacerdotes tres Missas celebrare vel concelebrare possunt, dummodo hæ suo tempore celebrentur.

Ant. ad introitum Ps 2, 7

Dóminus dixit ad me: Fílius meus es tu,

ego hódie génui te.

Vel:

Gaudeámus omnes in Dómino,

quia Salvátor noster natus est in mundo.

Hódie nobis de cælo pax vera descéndit.

Dicitur Glória in excélsis.

Collecta

Deus, qui hanc sacratíssimam noctem

veri lúminis fecísti illustratióne claréscere,

da, quǽsumus, ut, cuius in terra mystéria lucis agnóvimus,

eius quoque gáudiis perfruámur in cælo.

Qui tecum.

Dicitur Credo. Ad verba Et incarnátus est genuflectitur.

Super oblata

Grata tibi sit, Dómine, quǽsumus,

hodiérnæ festivitátis oblátio,

ut, per hæc sacrosáncta commércia,

in illíus inveniámur forma,

in quo tecum est nostra substántia.

Qui vivit et regnat in sǽcula sæculórum.

Præfatio: De Christo luce.

Tonus sollemnis

Sanctus, Sanctus, Sanctus Dóminus Deus Sábaoth...

Quando adhibetur Canon romanus, dicitur Communicántes proprium.

Ant. ad communionem Io 1, 14

Verbum caro factum est, et vídimus glóriam eius.

Post communionem

Da nobis, quǽsumus, Dómine Deus noster,

ut, qui nativitátem Redemptóris nostri

frequentáre gaudémus,

dignis conversatiónibus

ad eius mereámur perveníre consórtium.

Qui vivit et regnat in sǽcula sæculórum.

Ad Missam in aurora

Ant. ad introitum Cf. Is 9, 2.6; Lc 1, 33

Lux fulgébit hódie super nos,

quia natus est nobis Dóminus;

et vocábitur admirábilis, Deus, Princeps pacis,

Pater futúri sǽculi: cuius regni non erit finis.

Dicitur Glória in excélsis.

Collecta

Da, quǽsumus, omnípotens Deus,

ut dum nova incarnáti Verbi tui luce perfúndimur,

hoc in nostro respléndeat ópere,

quod per fidem fulget in mente.

Per Dóminum.

Dicitur Credo. Ad verba Et incarnátus est genuflectitur.

Super oblata

Múnera nostra, quǽsumus, Dómine,

nativitátis hodiérnæ mystériis apta provéniant,

ut sicut homo génitus idem præfúlsit et Deus,

sic nobis hæc terréna substántia

cónferat quod divínum est.

Per Christum.

Præfatio de Nativitate, pp. 520-522.

Quando adhibetur Canon romanus, dicitur Communicántes proprium.

Ant. ad communionem Cf. Zac 9, 9

Exsúlta, fília Sion, lauda, fília Ierúsalem:

ecce Rex tuus véniet sanctus et salvátor mundi.

Post communionem

Da nobis, Dómine, Fílii tui nativitátem

læta devotióne coléntibus,

huius arcána mystérii et plena fide cognóscere,

et plenióre caritátis ardóre dilígere.

Per Christum.

Ad Missam in die

Ant. ad introitum Is 9, 6

Puer natus est nobis, et fílius datus est nobis,

cuius impérium super húmerum eius,

et vocábitur nomen eius magni consílii Angelus.

Dicitur Glória in excélsis.

Collecta

Deus, qui humánæ substántiæ dignitátem

et mirabíliter condidísti, et mirabílius reformásti,

da, quǽsumus, nobis eius divinitátis esse consórtes,

qui humanitátis nostræ fíeri dignátus est párticeps.

Qui tecum.

Dicitur Credo. Ad verba Et incarnátus est genuflectitur.

Super oblata

Oblátio tibi sit, Dómine, hodiérnæ sollemnitátis accépta,

qua et nostræ reconciliatiónis procéssit perfécta placátio,

et divíni cultus nobis est índita plenitúdo.

Per Christum.

Præfatio de Nativitate, pp. 520-522.

Quando adhibetur Canon romanus, dicitur Communicántes proprium.

Ant. ad communionem Cf. Ps 97, 3

Vidérunt omnes fines terræ salutáre Dei nostri.

Post communionem

Præsta, miséricors Deus, ut natus hódie Salvátor mundi,

sicut divínæ nobis generatiónis est auctor,

ita et immortalitátis sit ipse largítor.

Qui vivit et regnat in sǽcula sæculórum.

Feliz Navidad.

www.lexorandi.es

lunes 14 de diciembre de 2009

La Cena del Señor.


Pablo Blanco, La Cena del Señor. La Eucaristía en el diálogo católico-luterano después del Concilio Vaticano II, Eunsa («Colección teológica» 119), Pamplona, 2009, 318pp., ISBN 978-84-313-2610-4.

La doctrina y la reflexión teológica de las comunidades cristianas surgidas de la Reforma protestante o vinculadas teológica o espiritualmente a ellas, suele ser ampliamente desconocida en el ámbito de la lengua española. Con La Cena del Señor, el doctor Pablo Blanco, profesor de teología dogmática en la Universidad de Navarra, intenta cubrir parte de ese desconocimiento. En el ámbito anglicano hay que acudir a estudios en lengua inglesa, como la tesis doctoral del reverendo Brian Douglas Ways of Knowing in the Anglican Eucharistic Tradition: Ramifications for Theological Education, disponible en internet.
P. Blanco divide su estudio en cuatro capítulos, el primero de tipo histórico, que trata de la eucaristía en Lutero y la respuesta de Trento, el segundo sobre los documentos oficiales y no-oficiales del diálogo católico-luterano sobre la eucaristía, el tercero sobre la reflexión teológica, también después del Vaticano II, sobre la dimensión sacrificial, para terminar en el capítulo cuarto sobre la reflexión teológica en torno a la presencia real.
En su primer capítulo, el autor adopta la misma metodología que apreciamos al leer la Simbólica de Möhler: conocer en profundidad la doctrina católica al compararla con la postura luterana. En este capítulo se recuerda la reforma “litúrgica” de Lutero, su supresión del ofertorio y las referencias sacrificiales del canon, etc. También el rechazo de la terminología para explicar la presencia real –transustanciación–, la omisión de toda veneración de las especies eucarísticas extra usum, la comunión obligatoriamente bajo las dos especies, y cómo la teología eucarística de Lutero se articula en torno a las palabras del Relato de la institución, que son consideradas como verba testamenti y verba Christi. La comunión bajo las dos especies fue concedida como indulto por Pío IV para algunas diócesis, pero retirada por Gregorio XIII en 1584. Al escribir sobre la respuesta católica, el autor trae a la memoria las futuras aportaciones del benedictino Odo Casel y del teólogo reformado Max Thurian sobre el concepto de memorial, diciendo más adelante que «el concepto de memoriale y la noción tridentina de repraesentatio son perfectamente concordes y correlativas» (p. 75). También se tratan los distintos pareceres de los reformadores y las consecuentes respuestas católicas en el concilio de Trento. Ya en este capítulo descubrimos la importancia que da el autor al documento oficial La Cena del Señor (1978).
El segundo capítulo resume las posturas y reflexiones de los principales documentos ecuménicos, oficiales o no, sobre la eucaristía. Cabe resaltar Bautismo, Eucaristía, ministerio (1982), conocido también como “Documento de Lima”, en el que la eucaristía se concibe como eulogía, la consagración de los dones como fruto de las verba Christi o de la epíclesis del Espíritu; el grupo de trabajo Revisión de las condenas del siglo XVI (1986), donde se establece que «el carácter comunitario y propiciatorio de la Cena alcanzaría también a los difuntos, quienes siguen formando parte de la Iglesia», además de admitir una diferencia gradual entre los diferentes signos y acciones eclesiales, volviendo así sobre la relación entre sacramenta maiora y sacramenta minora.
En cuanto a la Comisión mixta católico-romana/evangélico-luterana, sale a relucir La Cena del Señor (1978), calificado de “catecismo ecuménico sobre la Eucaristía”, en donde el aspecto sacrificial de la eucaristía se plantea como participación (Teilhabe) en el sacrificio de Cristo, descubriendo en la noción de sacrificio de alabanza un concepto reconciliador.
De gran interés es la reflexión teológica en torno a la dimensión sacrificial y la presencia real, que el autor sintetiza adecuadamente. Entre algunos autores “menores” citados, es importante el recordatorio de E. Jüngel sobre el culto en Lutero, «caundo sostuvo en el De captivitate babylonica que el culto es una pars evangelii, immo summa et compendium evangelii» (p. 146). Los autores a los que dedica un estudio más amplio son Wolfhart Pannenberg, Gunther Wenz, Joseph Ratzinger, Walter Kasper, Lothar Lies y Miguel María Garijo-Guembe.
En Pannenberg se aprecia la asunción de nuevas categorías: «“Anámnesis y epíclesis caracterizan la forma litúrgica de la celebración de la Cena del Señor”, al mismo tiempo que el memorial de la pascua del Señor» (p. 158). Es curiosa la “ubicación” de Pannenberg de la anámnesis en su Systematische Theologie (III, 340): «La anámnesis comienza con la llamada “levantemos el corazón”». Con Wenz vemos empleado el término epaphax en la dotrina del semel et pro semper. Ratzinger resaltaba la iniciativa divina, tal y como lo había puesto de manifiesto la concepción luterana de sacrificio. También el entonces teólogo Ratzinger se acogía al término memorial, que en expresión de P. Blanco «él [Ratzinger] consideraba como un concepto que podría aclarar ideas y posiciones encontradas, y tender al mismo tiempo puentes ecuménicos» (p. 169). Ratzinger también comprendía la eucaristía como “fiesta de la resurrección”, en la línea de otras propuestas del momento, pero sin descuidar otros aspectos más tradicionales: «Como tal presupone el misterio de la cruz, estadio previo a la resurrección. Llamar a la Eucaristía la “comida de la comunidad” es trivializarla, puesto que ha costado la muerte de Cristo, y la alegría que conlleva presupone la entrada en el misterio de la muerte» (p. 176). La teología de Kasper, tal como la presenta Blanco, aunque parece distanciarse de explicaciones más tradicionales como la repraesentatio passionis, cae a mi parecer en una concepción típicamente escolástica al dar gran valor al Relato de la institución, aunque lo conjugue con una cierta pneumatología. No deja de ser paradójico que será años después, ya como presidente del Pontificio Consejo de Promoción de la Unidad de los Cristianos, en 2001 se emita un documento que considera válida la anáfora asiria de Addai y Mari, que carece del Relato de la institución. En Lies se vuelve sobre el valor teológico de la fracción del pan. Blanco resume esta postura diciendo que «Los gestos y las acciones litúrgicas nos hablaría también de la naturaleza sacrificial de toda la celebración eucarística» (p. 193). Garijo-Guembe sintetiza en cierto modo las posturas de los teólogos ya mencionados, pero da una importancia singular a los textos litúrgicos: «El acento puesto en la acción de gracias que contienen todas las plegarias eucarísticas, lleva a la conclusión de que la Misa puede ser vista como sacrificio propio de la comunidad. “Esta estructura teológica y literaria aparece en la liturgia romana en la clásica invitación de la oración de las ofrendas: ‘orad…para que este sacrificio mío y vuestro sea agradable a Dios Padre todopoderoso’”» (p. 199).
La reflexión sobre la presencia real ha sido mucho menos fructífera entre los teólogos evangélicos. En general se ve un intento de justificar esta presencia desde las verba Christi y sobre el sentido no-físico de la transformación eucarística, como se refleja en Lies, resumido por Blanco: «No se trata pues de una presencia física, sino tan solo metafísica y sustancial» (p. 254). El autor recuerda en varias oportunidades la práctica que también se observa en las comunidades de la reforma de dar la comunión a los enfermos como un ejemplo de la fe en la presencia eucarística fuera de la Cena. Sin embargo, fuera de este caso, el rechazo de estas comunidades a otro tipo de “uso” de la eucaristía es patente.
En general, el libro de P. Blanco es un buen estudio sobre la cuestión de la eucaristía en el diálogo católico-luterano después del Vaticano II y viene a cubrir, como hemos dicho, un vacío en lo que se refiere a los estudios específicos en lengua española sobre la eucaristía en las comunidades luteranas. Se echa de menos, quizás, los acuerdos y avances que ha habido sobre la lectura de la Sagrada Escritura en la Cena y en la Misa después del Vaticano II, puesto que ni la Cena ni la Misa se reducen al Relato de la institución y/o plegaria eucarística. Quizás la razón de esto se deba a que al incluir esta cuestión seguramente se habría duplicado el número de páginas del libro. Otra cuestión que se puede echar en falta es el cambio que se ha sufrido en estas comunidades en su praxis cultual: ¿cómo ha evolucionado la frecuencia de la celebración de la Cena? El uso de varias comunidades de los libros litúrgicos romanos emanados de la reforma litúrgica del Vaticano II, además de la edición de nuevos libros inspirados en éstos, ¿han influido en el acercamiento de las últimas décadas, en la reflexión de los teólogos, etc.? Estos datos serían de gran interés para comprobar algo que el mismo autor afirma: «En efecto, el conocido adagio lex orandi, lex credendi se da también en este ámbito, y también a veces se puede convertir en una lex theologandi» (p. 277). En cualquier caso, es evidente que esta publicación se convertirá en una obra de referencia y de consulta obligada para todos aquellos que quieran profundizar en la teología ecuménica o en la eucarística, debido al rigor científico con el que han sido tratadas todas las cuestiones que allí se tratan.


Adolfo Ivorra
Recensión publicada en Pastoral Litúrgica 313 (2009) 439-442.

viernes 4 de diciembre de 2009

Hoy se cumple para vosotros la Escritura.

Llevo unas cien páginas del libro y me parece muy bueno. Me alegra ver que un biblista como Enzo Bianchi presente sus comentarios con el mismo formato con el que yo he hecho algunos comentarios al Liber Commicus. Lo bueno es que en Sígueme hayan decidido publicarlo: han comenzado por el Ciclo C, que corresponde a este año.




Hoy se cumple para vosotros la Escritura
Enzo Bianchi

«NUEVA ALIANZA», nº 216
ISBN 978-84-301-1720-8 - 216 págs.
14,42 € - PVP 15 €
Formato: 13,5 x 21 cm - Nº edición: 1

"En este libro se reúnen los comentarios a las lecturas dominicales del ciclo C así como a las principales fiestas del año litúrgico.

La concisa homilía que Jesús pronunció un sábado en la sinagoga de Nazaret (cf. Lc 4, 14-27) representa un buen modelo para comentar los textos bíblicos que se proclaman en la liturgia. Al rememorarla, se descubre una clave fundamental: la palabra de Dios se dirige siempre y de manera nueva a los hombres y mujeres que hoy la escuchan.

Pero no sólo eso. Esta palabra divina conduce a Cristo, y Cristo la ilumina como intérprete definitivo desde su vida, muerte y resurrección, dentro de la Iglesia y desde la fe que alimenta el Espíritu del Señor."

martes 1 de diciembre de 2009

Comienza el año litúrgico hispano-mozárabe (II).

Todavía no está disponible el Calendario Litúrgico del Rito Hispano-Mozárabe para el año 2009-2010. A la espera de su publicación, ofrecemos los datos del resto del Adviento hispano, junto con un comentario a las lecturas del IV Domingo, que se podrá encontrar en dicho Calendario.

La Liturgia de la palabra del
IV Domingo de Adviento

La liturgia de la palabra de este domingo adquiere un fuerte carácter escatológico. La espera mesiánica del Mesías de los domingos anteriores cede a una clara alusión al Juicio y al final de los tiempos. Si en el anterior domingo el psallendum confirmaba una visión agrícola del Pueblo de Dios, en éste el mismo psallendum subraya el Juicio: El juzgará al orbe con justicia. El profeta Isaías es categórico: Aquel día castigará Yahveh al ejército de lo alto en lo alto y a los reyes de la tierra en la tierra; serán amontonados en montón los prisioneros en el pozo, serán encerrados en
la cárcel y al cabo de muchos días serán visitados. Una alusión al libro del Apocalipsis la podemos ver en el último versículo: esté la Gloria en presencia de sus ancianos. El carácter tajante de estas lecciones veterotestamentarias no se queda en su “género” propio, sino que trasciende hasta el evangelio, más explícito y no menos tajante. En él, el pasaje de la viuda pobre está de más, y seguramente se ha conservado para seguir con una lectura continua. El tema del evangelio es el Juicio, donde Cristo condena la actitud pretenciosa de los escribas diciendo: Estos recibirán un juicio más severo. Pero la amenaza no queda ahí: No quedará aquí piedra sobre piedra que no sea derruida... Muchos vendrán en mí nombre diciendo: Yo soy; y seducirán a muchos. Cuando oigáis hablar de guerras y de rumores de guerras, no os turbéis; pues es necesario que esto ocurra, pero todavía no es el fin. Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá terremotos en diversos lugares, habrá hambre. Esto es el comienzo de los dolores... Pero es necesario que antes sea predicado el Evangelio a todos los pueblos. El Juicio no abarca sólo el mundo presente, sino también el “celeste”: el sol se oscurecerá y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potestades de los cielos se conmoverán. Entonces verán al Hijo del Hombre que viene sobre las nubes con gran poder y gloria. Y entonces enviará a los ángeles y reunirá a sus elegidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo.Queda patente la participación activa de los ángeles en la reunión de los dispersos y el aparente triunfo de las tinieblas. El triunfo de Cristo sobre ellas queda explicado en el Apóstol, cuando se afirma: Después, el final, [será] cuando entregue el Reino a Dios Padre, cuando haya aniquilado todo principado, toda potestad y poder... el último enemigo será destruida la muerte. Para los hombres, el consuelo y a la vez la tarea queda claro: el que persevere hasta el fin, ése se salvará.

DICIEMBRE 2009

1 Martes. Feria.
morado Misa del Domingo III de Adviento.
Las lecturas pueden ser del año I ó II.

2 Miércoles. Feria.
morado Misa del Domingo III de Adviento.
Las lecturas pueden ser del año I ó II.
- BG: IV feria III Hebdomadae (Adventus Domini)

3 Jueves. Feria.
morado Misa del Domingo III de Adviento.
Las lecturas pueden ser del año I ó II.

4 Viernes. Feria.
morado Misa del Domingo III de Adviento.
Las lecturas pueden ser del año I ó II.
- BG: VI feria III Hebdomadae (Adventus Domini)

5 Sábado. Feria.
morado Misa del Domingo III de Adviento.
Las lecturas pueden ser del año I ó II.

6 DOMINGO IV DE ADVIENTO
morado Misa propia - Año I y II.
- MHM: vol. I, pág. 115-121.
- LC: vol. I, pág. 33-36: Profecía: Is 24,16-23.
Psallendum: Sal 95,12-13.1.
Apóstol: 1Cor 15,22-31.
Evangelio: Mc 12,38-13,33.
- BG: In IV Dominico Adventus Domini

7 Lunes. Feria.
morado Misa del Domingo IV de Adviento.
Las lecturas pueden ser del año I ó II.
- BG: Feria II, IV Hebdomadae (Adventus Domini)
Se puede celebrar la memoria de los San Nicolás o de San Ambrosio,
obispos.
blanco Misa del Común de un Confesor.
- MHM: vol. II, pág. 709-713.
- LC: vol. II, pág. 234-235: Profecía: Is 42,1-4.
Psallendum:Sal 70,22-24.
Apóstol: 1Tim 6,7-14.
Evangelio: Lc 12,35-40.

8 Martes. Concepción de la Santísima Virgen María, solemnidad.
blanco Misa propia de la solemnidad.
- MHM: vol. II, pág. 113-120.
- LC: vol. II, pág. 50-52: Profecía: Prov 8,22-33.
Psallendum: Sal 44,5-6.
Apóstol: Gál 3,27-4,7.
Evangelio: Lc 11,27-28.

9 Miércoles. Santa Leocadia, virgen y mártir, festividad.
rojo Misa propia de la festividad.
- MHM: vol. II, pág. 113-120.
- LC: vol. II, pág. 52-54: Profecía: Jer 31, 2-7.
Psallendum: Sal 70, 22. 24.
Apóstol: Rm 10, 8-13.
Evangelio: Mt 10, 32-39.
- BG: In festo sanctae Leocadiae virginis

10 Jueves. Santa Eulalia de Mérida, virgen y mártir, festividad.
rojo Misa propia de la festividad.
- MHM: vol. II, pág. 126-134.
- LC: ol. II, pág. 55-57: Profecía: Ecclo 24,1-4.17-31.
Psallendum: Sal 44,11-12.2-3.
Apóstol: 2Cor 10,17-11,6.
Evangelio: Mt 13,44-52.
- BG: In festo sanctae Eulaliae, virginis et martyris

11 Viernes. Feria.
morado Misa del Domingo IV de Adviento.
Las lecturas pueden ser del año I ó II.
- BG: Feria VI, IV Hebdomadae (Adventus Domini)
Se puede celebrar la memoria de San Pablo, confesor.
blanco Misa del Común de un Confesor.
- MHM: vol. II, pág. 709-713.
- LC: vol. II, pág. 234-235: Profecía: Is 42,1-4.
Psallendum: Sal 70,22-24.
Apóstol: 1Tim 6,7-14.
Evangelio: Lc 12,35-40.

12 Sábado. Feria.
morado Misa del Domingo IV de Adviento.
Las lecturas pueden ser del año I ó II.
Se puede celebrar la memoria de Santa Lucia, virgen y mártir.
rojo Misa del Común de una Virgen y Mártir.
- MHM: vol. II, pág. 719-726.
- LC: vol. II, pág. 240-241: Profecía: Is 54,1-3.
Psallendum: Sal 44,5-6.
Apóstol: 2Cor10,17-11,6; Gál 3,26.
Evangelio: Lc 10,38-42.

13 DOMINGO V DE ADVIENTO
morado Misa propia - Año II.
- MHM: vol. I, pág. 122-128.
- LC: vol. I, pág. 39-41: Profecía: Mal 3,1-4.
Psallendum: Sal 84,10b.11-13.
Apóstol: 1Tes 5,14-23.
Evangelio: Mc 1,1-8.
- BG: In V Dominico Adventus Domini

14 Lunes. Santos Justo y Abundio, mártires, memoria.
rojo Misa del Común de varios Mártires I, II ó III.
- MHM: vol. II, pág. 692-708.
- LC: vol. II, pág. 225-227; 228-230; 231-233:
Profecía: Sab 11,2-4;10,17-20 / Sab 3,1-8 / Sab 5,15-
16.1-5.
Psallendum: Sal 91,13-14.2 / Sal 65,12.10 / Sal
67,36.29.
Apóstol: 2Cor 5,1-5.6-8 / Rom 8,12-21 / Ef 1,2-14.
Evangelio: Mt 10,16-22 / Mt 10,26-32;18,20 / Lc 9,1-6.
- BG: In festo sancti Iusti et Abundi

15 Martes. Feria.
morado Misa del Domingo V de Adviento.
Las lecturas pueden ser del año I ó II.
- BG: Feria III, V Hebdomadae in Adventu Domini

16 Miércoles. Feria.
morado Misa del Domingo V de Adviento.
Las lecturas pueden ser del año I ó II.
- BG: Feria IV, V Hebdomadae in Adventu Domini

17 Jueves. Feria.
morado Misa del Domingo V de Adviento.
Las lecturas pueden ser del año I ó II.
- BG: Feria V, V Hebdomadae in Adventu Domini
Se puede celebrar la memoria de los Santos Alejandro y compañeros,
mártires.
rojo Misa del Común de varios Mártires I, II ó III.
- MHM: vol. II, pág. 692-708.
- LC: vol. II, pág. 225-227; 228-230; 231-233:
Profecía: Sab 11,2-4;10,17-20 / Sab 3,1-8 / Sab 5,15-16.1-5.
Psallendum: Sal 91,13-14.2 / Sal 65,12.10 / Sal
67,36.29.
Apóstol: 2Cor 5,1-5.6-8 / Rom 8,12-21 / Ef 1,2-14.
Evangelio: Mt 10,16-22 / Mt 10,26-32;18,20 / Lc 9,1-6.

18 Viernes. Santa María, solemnidad.
blanco Misa propia de la solemnidad.
- MHM: vol. II, pág. 136-142.
- LC: vol. II, pág. 59-62: Profecía: Miq 4,1-3.5-8;5,1-4.
Psallendum: Sal 86,5-6.
Apóstol: Gál 3,27-4,7.
Evangelio: Lc 1,26-38.46-55.
- BG: In festo Annuntiationis sanctae Mariae virginis

19 Sábado. Feria.
morado Misa del Domingo V de Adviento.
Las lecturas pueden ser del año I ó II.

20 DOMINGO VI DE ADVIENTO
morado Misa propia - Año II.
- MHM: vol. I, pág. 129-134.
- LC: vol. I, pág. 45-47: Profecía: Is 35,1s.
Psallendum: Sal 147,16s.
Apóstol: Flp 4,4-7.
Evangelio: Lc 3,1-18.
- BG: In VI Dominico Adventus Domini

21 Lunes. Santo Tomás, apóstol, festividad.
rojo Misa propia.
- MHM: vol. II, pág. 143-149.
- LC: vol. II, pág. 62-64: Profecía: Sab 4,7-15.
Psallendum: Sal 20,4.2.
Apóstol: Col 1,24-29.
Evangelio: Jn 20,24-29.
- BG: In festo sancti Thomae apostoli

22 Lunes. Santos Justo y Abundio, mártires, memoria.
blanco Misa propia de la solemnidad con las lecturas de la solemnidad
de San Ildefonso o del Común de un Confesor.
- MHM: vol. II, pág. 150-155.
- LC: vol. II, pág. 96-97/234-235:
Profecía: Prov 10,27-11,4 ó Is 42,1-4.
Psallendum: Sal 29,5;28,2 ó Sal 70,22-24.
Apóstol: Hb 11,33-34 ó Tim 6,7-14.
Evangelio: Mt 18,18-20 ó Lc 12,35-40.

23 Miércoles. Feria.
morado Misa del Domingo VI de Adviento.
Las lecturas pueden ser del año I ó II.

24 Jueves. Feria.
morado Misa del Domingo VI de Adviento.
Las lecturas pueden ser del año I ó II.
- BG: In vigilia Nativitatis Domini