sábado 26 de septiembre de 2009

Una sugerencia sobre el rito mozárabe.

El rito hispano o mozárabe no es más que la antigua liturgia que se celebraba en la Hispania romana y visigótica, antes de la conquista musulmana. Esta liturgia casi desapareció en España en el siglo XI, cuando el rito romano se extendió por la península. Paradójicamente, se conservó en la zona de dominación árabe, ya que los cristianos sometidos que vivían en ella apenas tenían comunicación con los de la España cristiana.

Al reconquistar Toledo, se decidió mantener el rito hispano antiguo en seis iglesias de Toledo y en una capilla de la catedral, para las familias que descendían de los cristianos de este rito. A partir de entonces, se conoció el rito como mozárabe, ya que los “mozárabes” eran los cristianos que vivían en territorio musulmán. Cisneros se ocupó de revisar y unificar los libros litúrgicos y, en el s. XX, D. Marcelo, arzobispo de Toledo, realizó una nueva revisión y traducción a lengua vernácula.

Es decir, en mi opinión, el rito mozárabe ha subsistido de forma providencial, pero anómala. Un rito debe reflejar la vida de una parte de la Iglesia y nutrir esa vida. No puede limitarse a ser una afición de algunos sacerdotes, ni una curiosidad histórica. Que yo sepa, aunque el Papa Juan Pablo II permitió la celebración del rito mozárabe en toda España y se celebra de forma más o menos regular en la Catedral de Toledo y en algunas iglesias españolas, no existe una comunidad estable de un tamaño considerable, que se considere a sí misma de rito mozárabe, fuera del grupo de familias que conservan con orgullo su herencia mozárabe toledana.

A mi juicio y dado que la estructura principal es parecida a la del rito romano, sería posible y conveniente que alguna diócesis española, ya sea Toledo u otra, lo adoptase como rito propio de forma permanente y habitual. De esa forma, se alcanzaría una masa crítica de fieles que pudiera dar estabilidad y profundidad a la liturgia celebrada con ese rito. O quizás algunas de las nuevas congregaciones religiosas (o incluso movimientos) que están surgiendo en la actualidad pudieran asumir el rito mozárabe como liturgia habitual. De esa forma, el rito tomaría vida y ayudaría a formar la identidad propia de la diócesis o grupo que lo adoptasen como propio.

La existencia de un grupo estable de personas que tomen el rito como propio es esencial. Este verano participé, en Estonia, en una Eucaristía de rito católico greco-ucraniano. Los católicos de rito oriental en Estonia apenas son un par de cientos. Para ellos, sería muchísimo más sencillo integrarse simplemente en el rito latino. Sin embargo, con grandísimos esfuerzos, conservan su liturgia propia y la celebran con grandísima devoción. Consiguen un sacerdote que les celebre e incluso están intentando crear un pequeño monasterio en Tallin. ¿Por qué? Porque su vida de fe está profundamente ligada a su liturgia, sus tradiciones y sus cantos. Sin duda, ante todo son católicos y no me pusieron ningún obstáculo para asistir a Misa con ellos, pero son lo que son: católicos de rito oriental. Y están orgullosos de ello.

Lo mismo debería suceder, salvando las distancias, con el rito mozárabe. Decía ayer un lector que, para celebrar bien un rito, hay que amarlo. Yo aún digo más: hay que tenerlo como propio, entenderlo y conocerlo de forma vital, ser miembro de la Iglesia desde ese rito, sentirlo como una continuidad con los propios padres en la fe y como una herencia para los hijos. Las oraciones y signos litúrgicos propios deben insertarse en la oración personal de los cristianos de ese rito e incluso dar lugar a un arte cristiano con características propias.

En particular, en nuestra época, el rito mozárabe podría ser muy apropiado en este momento histórico de descristianización de España. Puede ayudar a recordar las profundísimas raíces del cristianismo en nuestro país, con el recuerdo de los santos Leandro, Isidoro, Fructuoso, Acisclo, Torcuato, Félix, Vicente, Eulogio, Justo y Pastor, Justa y Rufina, Eulalia, la otra Eulalia, Leocadia, Braulio o Julián. Es triste que la mayoría de los católicos españoles no conozcan a estos santos, que son eslabones esenciales de la cadena que nos ha transmitido la fe.

No olvidemos, además, que el rito mozárabe es un rito con unas profundas raíces martiriales. Ya en su origen, los cristianos hispanos sufren las terribles persecuciones romanas. Posteriormente, el arrianismo de los visigodos supuso nuevas persecuciones para los católicos hispanos. Finalmente, se conservó entre los cristianos mozárabes, sujetos a la dominación musulmana y que sufrían grandes penalidades por conservar su fe. No sería extraño que, en un futuro no muy lejano, volviesen las persecuciones a España y el rito mozárabe sería especialmente apropiado como vínculo con los mártires españoles de otras épocas

En cualquier caso, el rito hispano-mozárabe es una riqueza para toda la Iglesia. Nada de lo católico nos puede ser ajeno. Invito, pues, a todos los católicos a que lo conozcan y a terminar conmigo este artículo, rezando la preciosa oración mozárabe que se recita después del Padre Nuestro:

Libres del mal, confirmados siempre en el bien,
podamos servirte, Dios y Señor nuestro.
Pon término, Señor, a nuestros pecados,
alegra a los afligidos,
redime a los cautivos,
sana a los enfermos
y da el descanso a los difuntos.
Concede paz y seguridad a nuestros días,
quebranta la audacia de nuestros enemigos
y escucha, oh Dios, las oraciones de tus siervos,

de todos los fieles cristianos,
en este día y en todo tiempo.



jueves 24 de septiembre de 2009

Degollación de san Juan Bautista.


Oratio Admonitionis (Missale Hispano-Mozarabicum)

Queridos hermanos, con fe profunda y devoción generosa debemos celebrar la solemnidad del glorioso Juan, y alabar la santidad con que acaba su vida, con las mismas señales de elección divina con que empezó. Se va con el mismo testimonio de gloria celestial con que había venido. Cristo fue la causa de su muerte, como Cristo había sido la causa de su nacimiento, por obra del Espíritu Santo, que concentró su amor en él. En ningún momento se nota en él la debilidad de la naturaleza: en su concepción se cumple un vaticinio, en su acción el bautismo, en su muerte el martirio. La misma gracia está presente en el nacimiento del profeta, en el transcurso de la vida del docente, en la pasión del que amaba ardorosamente. Profetiza desde el seno materno, predica en el mundo, termina su misión bajo la espada. Lo elige la justicia, habla de justicia, es decapitado por la justicia. No es extraño que un varón dispuesto para proclamar a Dios con tantos méritos de santidad, al que no pudo acallar el seno materno, que no tuvo miedo a la espada del tirano y fue constante en no dar descanso a Herodes, en su defensa de la castidad, el que había silenciado a su padre por su incredulidad, golpeando así al rey con sus palabras, y al sacerdote [Zacarías] con el silencio, no es extraño, digo, que a este censor de la honestidad y de la ley, no le soporten las malas costumbres. La conciencia obcecada del orgulloso se revuelve contra el crimen de incesto que le imputa, y el furor provocado por la humillación anda queriendo perder al que le enseña, por no acertar a corregir lo que le está prohibido. Piensa que podrá ocultar la culpa poniendo en prisión al que se la echa en cara. El brillo del profeta se apaga en la mazmorra y la sangre que es preciosa para Dios, se valora como precio del baile voluptuoso de una cortesana, haciéndose espectáculo en un banquete pagano, para ser ahora ofrenda en esta religiosa celebración, gozo para los creyentes, ejemplo para los que han de creer, protección para la tierra, ornamento para el cielo. R/. Amén.
Por la misericordia de nuestro Dios, que es bendito y vive y todo lo gobierna por los siglos de los siglos. R/. Amén.

Método para comprobar qué misal es el mejor...

Contexto: s. XI.
Método: el misal romano y el mozárabe se introducen en una hoguera. El misal que arda se condena.
Resultado: el misal romano ardió el primero, pero el mozárabe dio un salto y escapó de las llamas. El rey Alfonso VI, de una patada, volvió a meter el misal en la hoguera, aún cuando el romano ya había sido consumido.
Imágen alusiva:




























Texto aclaratorio de la imagen:

- Romanus ex igne prosiliit.
- Gothicus sub flammis illaesus.

lunes 21 de septiembre de 2009

La tercera edición del Misal Romano en inglés.




No es ningún secreto que uno de los misales con una traducción "libre" del texto latino era el americano. Si hubieran imitado a los ortodoxos, cuya traducción más fiel se usaba en Estados Unidos en varias partes de la Divina Liturgia antes de 1970, el problema hubiera sido menor. Pero los nuevos requerimientos de las traducciones dictaminados por la Santa Sede (Liturgiam Authenticam) hacen necesaria no sólo una revisión del texto inglés, sino también algunos cambios "radicales". Me atrevería a aventurar que el misal romano en inglés fue uno de los textos en los que se pensó a la hora de pedir que las traducciones fueran más literales. Son tales los cambios que va a tener la traducción al inglés que se ha hecho necesario el disponer de una serie de recursos para la transición.
Fiel a su mentalidad pragmática, la web que provee de recursos para esta transición nos muestra una serie de ejemplos. Al verlos no es difícil darse cuenta de que los cambios son notorios. En líneas generales, se aprecia que el texto inglés es más ambiguo, razón por la que los cambios son introducidos. Pero algunos textos destruían el sentido latino. Un ejemplo claro lo encontramos en el et cum spiritu tuo, traducido hasta ahora como and also with you (y también contigo). Ahora se dirá: and with your spirit (y con tu espíritu), que recoge la intencionalidad de la respuesta latina, glosada por Padres de la Iglesia como san Juan Crisóstomo. Si los que tradujeron por primera vez el misal romano al inglés hubieran leído La Iglesia en oración, no habrían hecho esta traducción. Cito la edición de 1992:

"...La respuesta es universal: 'Y en (o 'con') tu espíritu'. Esta expresión, como la del celebrante, es de origen semítico y normalmente debería traducirse en latín y en griego con un simple 'Y también contigo'. Sin embargo, a pesar de la gramática, no se hizo así. Hallamos la razón de ello en los comentarios patrísticos: 'llama no al alma que está en el sacerdote, sino al Espíritu que éste ha recibido por la imposición de manos' (Narsay de Nísibe, Hom. XVII)" (p. 357).

En un país en el que la diversidad de concepciones de ministerio, debido a la diversidad de confesiones cristianas, pueden oscurecer el sentido católico del orden sagrado, una correcta traducción de esta respuesta de la asamblea es esencial.
También encontramos algunas formas de huir del llamado lenguaje "inclusivo", que en ámbito anglosajón puede llegar a ser paranóico. Así en la monición del acto penitencial, en vez del brothers and sisters encontramos la opción del Brethren.
Otro punto importante, la distinción entre el sacrificio: my sacrifice and yours, sustituyendo al posesivo our. Fiel al genio romano, el credo se recitará en adelante de forma personal ("I"), no comunitaria ("We"). La forma en plural de recitar el credo es propia de la liturgia hispano-mozárabe, no de la romana.
Con respecto al famoso pro multis, los ortodoxos en Estados Unidos siempre dijeron "for you and for many", con una ejecución musical muy digna. También el famoso pro multis afecta al Relato de la institución en inglés: ya no se dirá for you and for all.
Otras traducciones que se van a introducir a ojos de un hispanoparlante pueden parecer más concordes con el sentido latino, pero en realidad vienen a significar casi lo mismo que las traducciones actuales. En algunos casos parece que se ha dado una predilección por el inglés más británico. Otras traducciones vienen a corregir una creatividad sobre el texto latino que la verdad es más una interpretación teológica que una traducción.
Transcribo aquí el texto de bienvenida de esta web:

New Words:

A Deeper Meaning,
but the Same Mass

The Missale Romanum (the Roman Missal), the ritual text for the celebration of the Mass, was first promulgated by Pope Paul VI in 1970 as the definitive text of the reformed liturgy of the Second Vatican Council. A second edition followed in 1975.

Pope John Paul II issued a revised version of the Missale Romanum during the Jubilee Year 2000. The English translation of the revised Roman Missal is nearing completion, and the Bishops of the United States will vote on the final sections of the text this November. Among other things, the revised edition of the Missale Romanum contains prayers for the observances of recently canonized saints, additional prefaces for the Eucharistic Prayers, additional Votive Masses and Masses and Prayers for Various Needs and Intentions, and some updated and revised rubrics (instructions) for the celebration of the Mass. The English translation of the Roman Missal will also include updated translations of existing prayers, including some of the well–known responses and acclamations of the people.

This website has been prepared to help you prepare for the transition. As this site continues to be expanded, you will find helpful resources for the faithful, for the clergy, and for parish and diocesan leaders.

May this process of the implementation of the revised Roman Missal be a time of deepening, nurturing, and celebrating our faith through our worship and the celebration of the Sacred Liturgy.


domingo 13 de septiembre de 2009

La doctrina eucarística de Adrevaldo de Fleury.

Artículo publicado en Liturgia y Espiritualidad 40 (2009), 372-378.

Adrevaldo de Fleury (†897) fue un monje benedictino francés, abad de Fleury, conocido por su obra Miracula s. Benedicti y, recientemente, por su desprecio del acto del comercio. Su doctrina eucarística se recoge en la obra De corpore et sanguine Christi contra ineptias Ioannis Scoti[1], en polémica contra la interpretación eucarística Juan Escoto Eriúgena (†877), traductor de las obras del Pseudo-Dionisio Areopagita. Sin embargo, nunca expone el pensamiento de Juan Escoto del cual quiere hacer controversia, sino que se limita a exponer los comentarios de san Jerónimo, san Agustín y san Gregorio magno. Esta carencia es desafortunada, pues la obra eucarística de Juan Escoto no ha llegado a nosotros. Se especula que concebía la presencia eucarística de Cristo como meramente simbólica. La “recopilación” de Adrevaldo es una simple muestra de auctoritates sobre el realismo eucarístico, pero su selección nos da una idea de su pensamiento eucarístico.

1. El recurso a san Jerónimo

La selección de autores de Adrevaldo se sitúa entre los ss. V-VI: san Jerónimo (†420), san Agustín (†430) y san Gregorio Magno (†604). Ignoramos si tenía una intencionalidad cronológica su presentación de los autores. Tanto Padres como Monjes se posicionaron con respecto al Antiguo Testamento en referencia a la liturgia de dos maneras: concibiendo el sistema cultual y los personajes veterotestamentarios como un indicio, una figura de la liturgia eclesial inaugurada por Cristo o como un sistema caduco, falso y cruel, en comparación con el espiritual cristiano. Adrevaldo comienza con san Jerónimo, específicamente con su comentario al evangelio de Mateo, y se decanta por la solución de continuidad con el Antiguo Testamento: el pan de la última cena, al modo del vino comprendido por el Antiguo Testamento (cf. 2Sam 13, 28; Est 1,10; Sal 4, 8; 104, 15; Ecclo 31, 28; 40, 20; Zac 10, 7), confortaba el corazón del hombre. El sacramento verdadero de la Pascua estaba prefigurado en Melquisedec, que ofreció pan y vino (cf. Gn 14, 18).

En ad Edibiam, Jerónimo vuelve sobre el capítulo 26 evangelio de Mateo: «Os aseguro que no beberé desde ahora de este fruto de la vid hasta aquel día en que lo beba con vosotros nuevo, en el Reino de mi Padre». La selección de este texto permite a Adrevaldo presentar el relato de la institución (narratio institutionis) según la versión de Mateo. Al hacer esto, nos indica que su reflexión sobre la narratio institutionis no se fundamente en la anáfora hispano-galicana, que depende más bien del texto de 1Cor, sino de la romana, presente desde hace tiempo en tierras galas. Además, la presentación de la narratio institutionis al principio de su exposición nos hace ver la importancia de las palabras de la institución para Adrevaldo. Aunque el texto de Jerónimo presente citas textuales de los salmos con respecto al cáliz, en este texto se evidencia la segunda forma de afrontar el sistema cultual del Antiguo Testamento: como un sistema caduco. Jerónimo invita a rechazar las fábulas judías y ascender al cenáculo del Señor. Después sucede la típica visión espiritualizada del culto cristiano, en tensión con el culto cruento veterotestamentario: se recurre a Rm 14, 17, descartando el sentido de banquete en favor del sentido espiritual; Moisés no dio el pan verdadero, sino que fue Cristo que se convierte él mismo en convite, el verdadero fruto de la vid, el vino de Soreq[2]. Todo esto lleva a Jerónimo a rechazar lo vetusto de la letra en favor de la novedad del espíritu, cantando el cántico nuevo en el reino de la Iglesia, que es el Reino del Padre. Por tanto, el verdadero fruto de la vid es Cristo mismo, y éste se encuentra en la Iglesia, en su liturgia.

Adrevaldo escoge otro texto de Jerónimo para profundizar en esa división de lo físico y lo espiritual. En la Exposición sobre la carta a los Efesios, Jerónimo comenta que el cuerpo y la sangre de Cristo se pueden comprender de dos formas, de modo espiritual como aparece en Jn 6, 55[3], o según la historia: la carne y sangre crucificada y atravesada por la lanza. Adrevaldo presenta en esta misma línea un comentario al libro de Isaías, donde se vuelve sobre el valor del Antiguo Testamento para realzar una vez más el sentido espiritual del culto cristiano. Dios no quiere la inmolación de víctimas. Por tanto, debemos pasar de los tipos e imágenes a las spiritales hostias, porque la nuestra es una ley espiritual: todo lo que los judíos hacían de forma carnal debemos hacerlo nosotros de forma espiritual. Reforzando estas ideas, Adrevaldo transcribe un último texto de Jerónimo, su comentario al libro de Malaquías, donde se habla de la oblación pura, para resaltar la inmundicia de las víctimas judías y la pureza de la cristiana.

2. El recurso a san Agustín

Adrevaldo recurre a san Agustín con la misma intención con la que recurre a Jerónimo, aunque da también un sentido moral a la comunión del cuerpo y la sangre de Cristo. Situado en la misma época que Jerónimo –muere diez años después que éste–, no es difícil encontrar en Agustín las mismas reflexiones. Con su exposición sobre el evangelio de Juan, Adrevaldo vuelve sobre el maná: este acontecimiento del Antiguo Testamento debe ser interpretado de forma espiritual, ya que hoy es cuando recibimos el alimento visible que es sacramento, además de la virtus sacramenti. El pan celeste debe ser comido se forma espiritual. Con esto, se expone la diferencia entre lo externo y lo interno del sacramento, dando valor no al aspecto externo sino a Cristo contenido en los dones[4]. Al final del texto de san Agustín citado por Adrevaldo se vuelve sobre el maná: éste era sombra, el de ahora, el pan bajado del cielo que es Cristo, es el verdadero. Al citar este texto, Adrevaldo da un paso más que con Jerónimo: el culto cristiano no sólo difiere del judío, sino que posee en sí mismo una dimensión física y una espiritual; si el judío era puramente exterior frente al cristiano que era esencialmente espiritual en Jerónimo, ahora se declara que el cristiano también tiene un aspecto exterior, pero está supeditado al espiritual.

Adrevaldo cita a continuación del Tratado LXII de Agustín para dar la connotación moral del sacramento cristiano. En realidad se trata de un «break» expositivo sobre la relación entre lo exterior y lo espiritual. Agustín reflexiona sobre el texto de 1Cor 9, 27, sobre los indignos que se acercan a comulgar. El pensamiento de Agustín es todavía más severo que el de Pablo: el que come el pan de Cristo en pecado se convierte en Judas Iscariote, y lo que come no es a Cristo sino el pan de Satanás, del mismo modo que entró en Judas el Diablo para traicionar a Jesús. Después de esta breve reflexión moral, Adrevaldo trae una homilía de san Agustín de la resurrección para volver a reflexionar sobre lo que los ojos ven y lo que realmente está delante de nuestros ojos. El turno ahora es el de la Pascua judía, que era figura e imagen de una realidad corroborada y hecha realidad en la verdadera Pascua de Cristo. En los comentarios de san Agustín a los salmos Adrevaldo vuelve sobre la relación entre el culto judío y el cristiano desde las categorías de signos de promesa – verdad prometida, sombra – luz.

3. El recurso a san Gregorio

San Gregorio Magno pertenece a otra época y contexto teológico. Sin embargo, la intención de Adrevaldo para traerlo a colación es volver nuevamente sobre la relación entre lo espiritual y lo externo. Gregorio habla de la boca corporal y la boca del corazón. Ésta última es la que sume la redención del sacramento de la pasión. Después de esa breve presentación del comentario sobre el Éxodo, Adrevaldo cita los Diálogos, donde Gregorio habla del sacrificio cotidiano de las lágrimas y de la inmolación cotidiana de la carne. Con esto se da una dimensión existencial al misterio de la sagrada oblación que se inmola. Sin embargo, la atención se centra en la cotidianeidad. Gregorio relaciona el misterio del cuerpo que se sume por manos de los fieles con la oración del Padrenuestro. Nuevamente, el texto de la oración dominical se puede entender de dos maneras, spiritaliter et simpliciter. Cristo es el pan de vida, pero no el pan de todos, sino de nosotros (los bautizados). Esto lleva a comparar la oración dominical con la eucaristía: llamamos a Cristo pan nuestro, del mismo modo que llamamos Padre nuestro al Padre de los creyentes. El Cristo que comulgamos cotidianamente intercede por nuestros delitos ante el Padre. Por medio de esa comunión llegamos a la vida eterna.

La cotidianeidad que alude san Gregorio llega a su realización literal –esto es, diaria– en la época carolingia, cuando Alcuino introduce la costumbre de celebrar la eucaristía los sábados en honor a María[5], completando así la celebración diaria. Para cuando escribe Adrevaldo, la oración dominical y la oración eucarística se proclamaban todos los días[6].

Aunque se trate de una simple presentación de textos de tres Padres de la Iglesia, Adrevaldo nos deja ver su doctrina eucarística. Por su insistencia en el sentido espiritual del culto cristiano, algunos podrían pensar que da una visión espiritualista. Sin embargo, con esto se quiere rechazar simplemente el sistema cultual del Antiguo Testamento. Esto no significa asumir una visión meramente simbólica de la eucaristía, como lo ponen de manifiesto los textos litúrgicos[7]. Por tanto, éste es un paso previo en la formulación que pretende realizar Adrevaldo de Fleury, y en sí misma no tiene un valor positivo o negativo de cara al realismo eucarístico. Cuando el concepto de sacrificio se comprende desde aquél de Cristo y no desde los veterotestamentarios –que ya han dejado de existir– el concepto de sacrificio se espiritualiza, en el sentido de que los sacrificios eclesiales son incruentos: la misa es una re-presentación incruenta. Esto da pie a una nueva discontinuidad: los sacrificios veterotestamentarios son un espectáculo sangriento, a diferencia del sacramento eclesial[8]. Es probable que el tratado de Juan Escoto Eriúgena se recreara en varios tipos veterotestamentarios, lo que llevó a Adrevaldo a minusvalorarlos en favor de la realidad subyacente del sacramento eclesiástico.

El valor del relato de la institución, la consideración de los dones eucarísticos como la realidad que prometían los tipos veterotestamentarios, la doble consideración de la realidad de Cristo –en los dones y en la historia– junto con la visión exterior –pan y vino– y la mirada de fe que apunta a la presencia de Cristo nos transmiten la necesidad de mostrar al lector la pluralidad de niveles interpretativos. Finalmente, la dimensión moral y espiritual del sacramento nos dan una aproximación importante a Adrevaldo: la comunión adquiere un gran valor y es necesaria una vida moral intachable, mientras que la petición del pan cotidiano del Padrenuestro se interpreta en sentido eucarístico[9]. Aunque sea un testimonio más de las intenciones de la teología monástica, con su selección Adrevaldo nos da su visión de lo que es la eucaristía y de los aspectos que él consideró más importantes.

Adolfo Ivorra

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[1] Cf. PL 124, 947-954.

[2] La única alusión a Soreq en la Escritura es para describir la procedencia de Dalila, mujer de la que se enamora Salomón (cf. Jue 16, 4).

[3] «Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida».

[4] quod pertinet ad virtutem sacramenti, non quod pertinet ad visibile sacramentum; qui manducat intus, non foris; qui manducat in corde, non qui premit dente.

[5] Cf. A. G. Martimort, La Iglesia en oración, Barcelona, 1992, 1036.

[6] Cf. R. Taft, La frecuencia de la eucaristía a través de la historia, en Concilium 172 (1982), 181.

[7] Así, la illatio II De Cotidiano del actual Misal Hispano-Mozárabe: «Aquí no se oyen balidos de ovejas, ni mugidos de toros, ni piar de aves que recuerden el dolor del instante de la muerte; no causa horror la sangre ni da fastidio la violencia; nuestra víctima es tan admirable y asombrosa que permanece incruenta, aun cuando la gustamos viva; pues aunque se come el cuerpo verdadero y se bebe la sangre auténtica, no se experimenta horror alguno, ya que se ofrece la salvación de los hombres con un manjar y una bebida espirituales. Nuestro bendito Señor Jesucristo, tu Hijo, que vino en tu nombre, nos mandó que te ofreciésemos este sacrificio: nosotros cumpliendo sus preceptos, recordamos sus palabras y repetimos sus acciones».

[8] Cf. F. Manzi, «Antiquum documentum novo cedat ritui». Compimento cristologico del sacrificio dell’Antico Testamento, en Ephemerides Liturgicae 119 (2005) 303-305; A. Ivorra, Los sentidos de la Liturgia en Amalario de Metz. Bautismo y Eucaristía, Toledo, 2007, 58-60.

[9] No obstante, ésta no es la única interpretación que se da a partir de entonces, y los autores llegarán a distinguir, como lo hace Inocencio III, cinco tipos distintos de pan: «Cinco tipos de pan nos son necesarios, cuatro en este camino, y el quinto en la otra vida: el pan material, espiritual, doctrinal, sacramental y eterno. El pan material para nuestro alimento, el pan espiritual para nuestra formación, el pan doctrinal para nuestra enseñanza, el pan sacramental para la expiación y el pan eterno para nuestra fruición»: El santo misterio del altar, V, 23, citado en AA.VV., La oración del Señor (Mt 6,9-13; Lc 11,2-4), Navarra, 2008, 101.

lunes 7 de septiembre de 2009

¿Mantel de colorines?


Flash litúrgico publicado en Liturgia y Espiritualidad 40 (2009), 379.

En algunas ocasiones, cuando se entra en una iglesia, uno recibe un golpe visual de lo más desagradable al mirar el altar. O cuando ve las fotografías posteriores a una celebraciones eucarística con jóvenes o niños. Los ojos perciben un mantel que es todo un atentado a la estética y al buen gusto, con colores y formas que no usaríamos para vestir la mesa en una fiesta familiar.

Pero, ya se sabe... eso del gusto es muy subjetivo, aunque quizás no tanto: como suele suceder cuando se habla de este tema, en una ocasión alguien advirtió que "sobre gustos no hay nada escrito", para justificar los suyos, a lo que su interlocutor respondió diciendo: "perdone, pero sí hay mucho escrito, y yo lo he leído".

También nosotros hemos leído lo que dice la Institutio del Misal Romano al respecto, y en el número 117, cuando describe lo que hay que preparar para la misa con pueblo dice: "Cúbrase el altar al menos con un mantel de color blanco". Y en el 394, en el marco de la disposición del presbiterio para la celebración sagrada, leemos: "Por reverencia a la celebración del memorial del Señor y al banquete en que se distribuye el Cuerpo y Sangre del Señor, póngase sobre el altar en el que se celebra por lo menos un mantel de color blanco, que, en forma, medida y ornamentación, cuadre bien con la estructura del mismo altar".

Por tanto, ¿la Institutio dice que el mantel del altar puede ser de colorines? Pues no; dice con una claridad meridiana que debe ser blanco, con una ornamentación que no sea una patada en la boca del estómago, sino en armonía con la estructura del mismo altar.

Jaume González Padrós

sábado 5 de septiembre de 2009

Oficio catedralicio hispano-mozárabe.


"El Oficio catedralicio, una de cuyas características es la fuerte oposición a su monasticización, tenía sólo las dos horas principales, el vespertino y el matutino y su estructura era compleja y muy variable en cantos, himnos y oraciones; en los días litánicos o penitenciales se añaden las tres horas menores; consta en diversos Concilios la costumbre de celebrar diariamente estas dos horas principales y se invita al clero a que asista para que recen al final la plegaria dominical y se bendiga a los fieles presentes"

"El Oficio catedralicio se distingue principalmente, no por su obligatoriedad, sino por su unidad. Una característica llamativa del Oficio catedralicio es la desaparición a veces de los salmos en cuanto tales, pues se desmembraron en versículos, alternándolos con antífonas sálmicas y otras frases bíblicas; costumbre nacida posiblemente en el siglo VI bajo la influencia bizantina en contra de los visigodos arrianos [...] Existen dos tipos de Oficio catedralicio: el ferial ordinario más arcaico, y el dominical-festivo (domingos, fiestas y solemnidades), que reflejan las diversas fases evolutivas y se distinguen por su estructura y por los textos utilizados" (P. Fernández, Historia de la Liturgia de las Horas, Barcelona, 2002 , 162s).

viernes 4 de septiembre de 2009

Comienza el año litúrgico bizantino.


El 1 de septiembre comienza el año litúrgico bizantino, a diferencia de los ritos occidentales que comienzan con el primer domingo de adviento. Jean Corbon nos resume esta particularidad:
"En el año 312, bajo Constantino, se inicia un nuevo calendario civil, el Indiktion, según un ciclo de quince años, y se fija el principio del año el 1 de septiembre. Desde entonces hasta nuestros días, el principio del año litúrgico bizantino se celebra el día 1 de septiembre. No existe en ello ninguna relación con la Economía de la salvación, y no se trata de encontrar aquí justificaciones piadosas o simbólicas" (J. Corbon, Liturgia y oración, Madrid, 2004, 46s).
M. Nin resume el sentido "mariano" del año litúrgico bizantino, que contrasta con el cristológico romano (Adviento (del Salvador)-Cristo Rey): "Natividad de la Madre de Dios (8 de septiembre): La primera gran fiesta del ciclo litúrgico bizantino es una fiesta de la Madre de Dios, como la última: la Dormición del 15 de agosto. El origen de esta fiesta es jerosolimitano, ligada a la dedicación de una iglesia en el lugar donde la tradición sitúa la casa de Joaquín y Ana. Los textos de la fiesta han tenido un influjo de los apócrifos, sobre todo del Protoevangelio de Santiago" (Las liturgias orientales, Barcelona, 2008, 132).