lunes 24 de agosto de 2009

Las vestiduras del diácono en el rito bizantino.

Las diferencias entre estos ornamentos sacerdotales y los episcopales son apenas considerables y han quedado ya indicadas en su lugar. En cambio, creemos conveniente señalar las particularidades de los ornamentos diaconales. Son éstos: el stikharion, las epimanikia y el orarion.

El color está por regla general en concordancia con el del celebrante. Por lo demás, está casi siempre hendido de arriba abajo por los costados. Las dos partes están unidas, en este caso, por cintas o botones. Es también más estrecho que el del sacerdote y cae libremente hasta el suelo sin estar sujetado por un ceñidor. En una palabra, el stikharion del diácono se asemeja mucho a la dalmática latina, con la diferencia de que es más larga y se coloca directamente sobre el hábito eclesiástico, sin alba y sin ceñidor.

Las epimanikia del diácono en lugar de cubrir las mangas del stikharion, cubren las de la sotana o hábito eclesiástico.

El orarion. La estola diaconal lleva el nombre de orarion. Sobre el origen de este nombre no están de acuerdo los liturgistas. Unos lo hacen derivar de la palabra latina orare: orar, porque el diácono, cuya insignia peculiar es el orarion, dirige la oración colectiva de los fieles; otros, con Balsamon a la cabeza, la derivan del verbo griego oraó: ver, observar, porque el diácono es el encargado de velar por el buen orden de las ceremonias; otros, en fin, como Simón de Tesalónica, del verbo oraidso: embellecer, adornar, porque este ornamento, distintivo especial de los diáconos, simboliza la belleza de los ángeles cuyas funciones desempeñan aquellos. No es fácil, como se ve, hallar una explicación convincente y definitiva.

En la actualidad, el orarion es una banda de tela, ordinariamente de seda, estrecha y adornada de bordados; sobre ella está escrita la palabra hagios en tres direcciones y, a veces, se las reemplaza por tres cruces. El diácono lleva el orarion fijo sobre el hombro izquierdo, y le cae hasta los pies tanto por delante como por detrás. En momentos en que desempeña sus funciones litúrgicas más características, tomando con la mano derecha la extremidad delantera la levanta hasta la altura de la cara, en un gesto significativo de invitación a la oración.

Antes de comulgar, el diácono se coloca el orarion en forma de faja sobre la parte inferior del pecho, luego la cruza en medio de la espalda y, pasándola por sobre los hombros la vuelve a cruzar por delante del pecho, sujetando las extremidades dentro del pliegue que le rodea la cintura. Los simbolistas ven en esta ceremonia una invitación de lo que nos dice Ezequiel acerca de los querubines que están ante el trono de Dios: que se velan sus rostros ante la majestad divina, en señal de adoración y respeto. (Simón de Tesalónica, op cit., col. 381.)

A pesar de que el concilio de Laodicea (c. 22) reserva el orarion para los diáconos exclusivamente, hoy en día lo llevan también los clérigos menores, pero siempre cruzado de la manera que acabamos de indicar.


http://www.fatheralexander.org/booklets/spanish/templo_structura.htm#n11


Las albas son blancas... o no.


En la actualidad nadie dudaría en decir -en Occidente- que las albas son blancas, como su propio nombre indica. Sin embargo, en la antigüedad occidental y en la actualidad oriental, las albas -más bien túnicas- son de muchos colores. Aunque recibía los nombres de chamisia y linea, era confeccionada no sólo en lino sino también en seda. Será a partir de Inocencio III cuando las albas en el rito romano serán blancas, como su nombre lo indica.
Leovigildo de Córdoba nos transmite en su De habitu clericorum que los sacerdotes mozárabes, a diferencia de los ministros que usaban albas blancas, usan túnicas negras y rojas: Sacerdotes ideo tunicas utuntur pullatas, propter quod greges coccineas et rubricatas (De habitu clericorum, V). El simbolismo de estas albas se encuentra en que reflejan los pecados de los fieles, por los que el sacerdote debe orar. En el actual rito bizantino encontramos en el Oficio Divino un alba negra, que normalmente tiene las mangas anchas, llamada exorason, y se reviste encima de la sotana (por tanto, no la sustituye):


El alba o túnica bizantina para la Divina Liturgia (misa) se llama sticharion, y aunque la encontramos habitualmente en blanco y en dorado, admite muchos colores.




Diácono y subdiácono:







lunes 17 de agosto de 2009

Liturgia y mariología.

















Extracto del libro de Jean Corbon "Liturgia y oración" (págs. 95-96):

"...porque la liturgia terrena es sacramental, su lenguaje es esencialmente simbólico, y esto al menos por tres motivos. Primero, la expresión litúrgica es sobre todo poética, en el sentido fuerte de un adelanto creativo de lo real a través de sus apariencias. Luego, porque los símbolos son accesibles a todos los fieles y despiertan la fe en todas las fibras del hombre. Finalmente, porque el simbolismo litúrgico manifiesta el misterio del Verbo encarnado que, en su Humanidad, es el Sacramento primordial. Ahora bien, vamos a comprobar que este advenimiento del misterio está constantemente ligado a María, Madre de Dios. Por eso la Théotokos escapa a los discursos 'escrutadores' y reductores de la filosofía (cf. Padres siríacos). Intuimos que debería ocurrir lo mismo acerca de la Iglesia, por parte de todas las ciencias humanas.
Esta toma de conciencia de la liturgia como lugar teológico debería conllevar ciertas revisiones de vida. En lo que a nuestro tema se refiere, una de las tareas del Instituto de liturgia es formar a los liturgos, a los pastores que podrán nutrir la "piedad mariana" de los fieles, guiarla en la fe recta y, a veces, purificarla y corregirla. Ahora bien, una de las causas de la fragilidad de la piedad mariana popular procede del hecho de que los pastores no enraízan lo suficiente la relación con María en la Economía sacramental: señalan algunos datos escriturísticos vagos y pasan a la devoción personal. La causa primera de este olvido tenemos que buscarla quizá en la manera como se enseña la mariología en la Facultad: se pasa de la Escritura a la teología especulativa. En ambos casos se omite el paso por la liturgia. Ahora bien, el misterio de la Economía sólo llega a ser teología, es decir, vida e inteligencia en el Espíritu Santo, mediante su actualización sacramental. De ahí proceden las dos etapas de nuestra reflexión: la Santa Madre de Dios en la Economía sacramental y en la vida cristiana"

J. Corbon, Liturgia y oración, Madrid, 2004, 95s.

sábado 8 de agosto de 2009

Así van leyes...


Así van leyes, do(nde) quieren (los) reyes. Ésta es la frase que resume el comportamiento de Alfonso VI acerca de la supresión del rito mozárabe por el romano. Y es también el título de una breve novela histórica: Así van leyes donde quieren reyes, de María Isabel Milina LLorente (Madrid, 2002). La reseña de la contracubierta: "Un libro se quemó en el juicio de Dios, pero no solo eso, los códices ardieron en las piras que los encargados de la reforma encendieron en las plazas de las villas y en los patios de los monasterios. En medio de estos acontecimientos, Andrés, un novicio mozárabe, se verá envuelto en las disputas entre los monjes que desean conservar las viejas tradiciones y los que quieren adoptar los usos y modos europeos".
La autora se esforzó en transmitir bien el drama del cambio, y se aprecia que investigó sobre los acontecimientos históricos. Cabe resaltar uno de los últimos párrafos de la autora: "Algo se conservó a través del tiempo: las antiguas celebraciones que formaban parte del ser del pueblo; la fiesta de la cruz de mayo en los pueblos y aldeas; el matrimonio castelano con su rito diferente: con la alianza en la mano derecha, la entrega de las arras, la figura de la madrina, la esposa que no pierde su apellido...".
Aunque breve -115 páginas-, es una novela que expresa el momento dramático de la supresión oficial de la liturgia mozárabe en el s. XI.

M. I. Molina Llorente, Así van leyes donde quieren reyes, Anaya, Madrid, 2002.

sábado 1 de agosto de 2009

El color negro en la liturgia ambrosiana.


L'uso del colore “nero” nella liturgia quaresimale

La Guida pastorale per le celebrazioni liturgiche segnala da quest’anno la possibilità, per il Rito ambrosiano, di utilizzare ad libitum, nelle ferie di Quaresima dal lunedì al venerdì, il colore liturgico “nero”, in luogo del colore “morello”.

Questa scelta trova le sue origini nella più antica tradizione liturgica comune sia alla Chiesa d’Oriente che d’Occidente. Il nero, infatti, fu da sempre ritenuto capace di esprimere una risposta all’invito alla conversione, prestando voce – nel silenzioso ma eloquente linguaggio dei colori – all’interiore anelito di salvezza.

Con tale accezione fu riconosciuto come colore penitenziale per eccellenza, al punto da diventare simbolo della stessa vita monastica, contribuendo a identificare quanti si esercitavano assiduamente nella purificazione del cuore.

Solo successivamente il nero fu accolto – e con significative eccezioni – anche nei riti esequiali, senza tuttavia perdere il suo principale significato: richiamare i credenti alla radicalità del rinnovamento.

La liturgia milanese fino alla Riforma del Vaticano II conservò tale uso per le ferie di Quaresima e per i giorni segnati dal digiuno e da una più intensa invocazione della misericordia divina.

Come ricordano le Premesse del Messale, «la differenza dei colori nelle vesti sacre ha lo scopo di esprimere, anche con mezzi esterni, la caratteristica particolare dei misteri della fede che vengono celebrati» (n. 320). La nuova possibilità offerta dal Calendario liturgico va letta in questo senso: non un banale esercizio di archeologia, ma una via per rimarcare, in modo più evidente, anche sul piano visivo e attraverso i segni sensibili – «tanto nella liturgia quanto nella catechesi liturgica» (Sacrosanctum Concilium, n. 109) – un accento preciso del cammino quaresimale.

Nel rito ambrosiano, infatti, l’itinerario delle ferie dal lunedì al venerdì sottolinea maggiormente l’aspetto penitenziale, mentre assegna la memoria battesimale soprattutto ai sabati e alle domeniche.

L’uso del colore liturgico nero – alternato al morello festivo – si carica quindi di un profondo simbolismo, capace di esprimere «il senso della vita cristiana in cammino lungo il corso dell’anno liturgico» (Principi e norme per l’uso del Messale ambrosiano, n. 320), ispirando il pentimento e connotando fortemente i giorni austeri della Quaresima.

«Le preghiere e le lacrime, o Signore pietoso, a te più intense si levano in questo tempo santo. Tu che conosci i cuori e deboli ci vedi, a chi si pente e ti invoca concedi il tuo perdono»: così ci invita a pregare la Liturgia quaresimale alle Lodi mattutine dei giorni feriali.

Sono questi i sentimenti che può suscitare in noi il colore liturgico che caratterizza e accompagna il dispiegarsi del grande itinerario verso la Pasqua.

http://www.chiesadimilano.it/or4/or?uid=ADMIesy.main.index&oid=402518