martes 24 de marzo de 2009

El agnus Dei


“El agnus Dei”
Con este título no quiero comentar la aclamación de los ritos de comunión sino una curiosidad de la liturgia romana que merece la pena comentar. El agnus Dei al que me quiero referir es un medallón oval elaborado con cera blanca procedente del cirio pascual del año anterior y otros cirios ofrecidos al Papa por el clero de Roma en la fiesta de las candelas, mezclada con santos óleos y agua bendita. En el anverso tiene en relieve un cordero de Dios recostado o en pie con la cruz y estandarte sobre el libro de los siete sellos del Apocalipsis, lo podríamos denominar, el cordero místico, con la inscripción alrededor “Ecce agnus Dei qui tollis pecata mundi” unido a esto el nombre del Papa que lo consagró del año y el emblema heráldico de Pontífice. En el reverso se ponía en relieve una imagen de un santo de la devoción o los patronos del Pontífice o de la Virgen María. En virtud de su consagración es un sacramental por lo que hace de estas piezas preciadas y muy solicitadas por los fieles por su carácter protector, tanto fue así que los Papas tuvieron que hacer bulas de excomunión para aquellos que falsificaban los agnus Dei. El más antiguo que se conserva data del año 1.370 consagrado por el Papa Gregorio XI. Pero el origen parece que es más remoto todavía. En el año 510 un tal Ennoldius refiere que los fragmentos del cirio pascual eran usados como protección contra las tempestades y las quemaduras. Esta referencia podría ser el origen remoto pero los especialistas no lo aseguran. Es Amalario de Metz en el S. XI en la corte carolingia el primero en documentarlo. El antiguo “liber pontificalis” cita la bendición de la cera que bien podría ser la bendición del Agnus Dei. El Ordo Romanus IX , dice que el archidiácono elabora los Agnus Dei por la mañana temprano el Sábado Santo y que más tarde él mismo distribuirá el sábado “in Albis”. Sin duda ninguna es una curiosidad de la liturgia pascual. De hecho la simbología relaciona los agnus Dei con los recién bautizados. Así el pontifical del S.XIV dice: “ Durante el canto del agnus Dei el Papa distribuye los agnus Dei de cera a los cardenales y a los prelados colocándoselos en sus mitras”. Luego un acólito con una bandeja de plata llena de agnus Dei dice: “Señor estos son los tiernos corderillos que nos han anunciado el aleluya; acaban de salir de las fuentes y están radiantes de claridad”. También es llamado el agnus Dei, reliquia Santa que bendecía el Sumo Pontífice el primer año de sus pontificado y luego cada siete años. En algún momento de su historia se afirma que era el mismo Papa quien los confeccionaba, amasando la cera con polvo de huesecillos de los mártires y el Sagrado Crisma. Igualmente se acuñó la expresión “ bálsamo y cera limpia mezclados con crisma hacen el cordero que te doy como gran don “. En algún momento el agnus Dei se entregaba a los neófitos en el día que deponían sus vestiduras blancas e incluso a los fieles. El agnus Dei es una clara resonancia del texto pascual del Apocalipsis 5,9: Tú eres digno de tomas el libro y de abrir sus sellos, porque has sido degollado. En las iglesias que contaban con algún agnus Dei el sábado “in albis”, éste, se exponía en el altar con gran honor.

Manuel Flaker Labanda

lunes 16 de marzo de 2009

Domingo laetare y la rosa de oro.


Este domingo, en la mitad de la cuaresma con este título de “Laetare”, imperativo latino de “laetor” que significa alegrarse, viene a dar una nota con referencia a la Pascua en medio de la austeridad cuaresmal. Se le llama así por la primera palabra del “introito” de la Misa de este domingo “laetare Jerusalem” (Is. 66). También venía llamado “de las rosas” pues anunciaba la Pascua florida. En este domingo se sitúa una curiosa tradición que tiene su origen en el oriente bizantino, el tercer domingo de la cuaresma se celebraba una fiesta en honor del santo leño de la cruz al cual se le tributaba un homenaje floral, por otro lado las flores eran signo de Cristo resucitado, y en especial las rosas. Esta celebración se introdujo en Roma , no se sabe exactamente el siglo pero el primer documento que recoge esta curiosa tradición se remonta al Papa León IX (año 1.049) y dice explícitamente que la rosa se ofrece a la cruz, clara alusión al rito que se realizaba en oriente. El Papa en el palacio lateranense y concretamente en la cámara de los “paramenti” bendecía la rosa de oro que luego a caballo llevaba acompañado por el sacro colegio y los fieles de Roma, desde su palacio lateranense hasta la Basílica estacional de Santa Cruz de Jerusalén donde se encuentran las reliquias de la Cruz. Al principio no era exactamente una rosa sino un esenciero con aromas de rosa, después los orfebres pontificios realizaron un pequeño rosal con rosas, hojas y botones al que se perfumaba con aroma de rosas y era consagrado con el crisma. La rosa luego era regalada a los príncipes católicos como reconocimiento pontificio, luego se amplió a personalidades, en algún periodo fue exclusivamente regalo para las reinas cristianas, últimamente los Papas han regalado la rosa de oro a los santuarios marianos. Fátima 1965 (Pablo VI); Aparecida. Brasil 1967 (Pablo VI); Luján .Argentina. 1982 (Juan Pablo II); Guadalupe y Loreto. 1988 (Juan Pablo II); Jasnagora Czestokowa.Polonia.2006 (Benedicto XVI); Santa Mª en Pompeya .2008 (Benedicto XVI). El hecho de reglar la rosa de oro seguramente sustituyó al antiguo rito de regalar las llaves de oro y plata con limaduras de las cadenas de San Pedro que los pontífices regalaban a los reyes. Igualmente el color rosado de los ornamentos litúrgicos de este día deben su color a la rosa de oro. Antiguamente se perfumaba el altar, claro recuerdo del perfume de la rosa de oro. Alguna alegoría medieval identificaba la rosa de oro con el homenaje que Maria Magdalena tributó a los pies del Señor en Betania.

Manuel Flaker Labanda

domingo 8 de marzo de 2009

Domingo de San Gregorio Palamás.


En el año litúrgico bizantino, el segundo domingo de cuaresma está dedicado a este santo bizantino. Como afirma M. Nin, "La condena de los enemigos de Gregorio Palamás (1296-1359) en el siglo XVI, hizo introducir esta celebración el domingo segundo de Cuaresma y se vivió como un segundo triunfo de la ortodoxia" (Las liturgias orientales, 139). Gran teólogo del hesicasmo, san Gregorio Palamás nos permite adentrarnos en la singularidad del año litúrgico bizantino, donde el tempus ecclesiae es también objeto del memorial, al igual que los mysteria carnis Christi.