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El magisterio de Pío XII sobre la liturgia


Además de su testimonio celebrativo, Pío XII nos dejó numerosas alusiones sobre la sagrada liturgia en sus escritos magisteriales. Se aprecia en ellos la creciente sensibilidad hacia la dimensión cultual del cristianismo, a su legítimo pluralismo y su centralidad para la fe y la vida del pueblo cristiano. De entre sus escritos sobresalen dos de gran importancia: la encíclica Mediator Dei (1947) y su discurso a los participantes al Congreso de Liturgia celebrado en Asís (1956). Su magisterio litúrgico, junto con sus disposiciones en materia litúrgica[1], hicieron de Pío XII un papa de especial importancia para la renovación litúrgica del rito romano hasta nuestros días.


Fuentes:

Discursos y radiomensajes de su santidad Pío XII, 4 vol., Ediciones Acción Católica Española, Madrid, 1946-52. (=Discursos y radiomensajes)

Discorsi e radiomessaggi di sua santità Pio XII, 20 vol., Città del Vaticano, 1960. (=Discorsi)


Magisterio:

Al episcopado y a los fieles del rito greco-melquita (16/V/1939)[2].

En este discurso a la colonia melquita en Roma, el papa se refiere al rito greco-melquita como un rito muy noble y antiguo, calificando a las liturgias bizantinas de «splendides».

Las enseñanzas de la liturgia (5/VII/1939)[3].

En esta Audiencia General, el papa se dirige a los nuevos esposos, explicando los ritos del matrimonio, del que los contrayentes han sido ministros. Distingue tres momentos de sumo relieve: el mutuo consentimiento, confirmado y ratificado por la bendición y la entrega del anillo, «símbolo de fidelidad íntegra e indefectible»; la Epístola, que considera momento instructivo; después del Pater Noster, la bendición de los esposos.

La castidad conyugal (6/XII/1939)[4].

En esta Alocución el papa muestra cómo la lex orandi expresa la fe de la Iglesia, cuando habla de su Inmaculada Concepción: «...María fue inmaculada ya desde su misma concepción, para ser digna Madre del Salvador. Por ello la Iglesia en su liturgia, en la que resuena el eco de sus dogmas, se expresa así: “Oh Dios, que por la Inmaculada Concepción de la Virgen preparaste a tu Hijo morada digna en Él” (Orat. in festo Immac. Concep. B. M. V.)».


Directrices del pastor supremo a los párrocos y predicadores cuaresmales de Roma (6/II/1940)[5].

El papa exhorta a los párrocos para que su dignidad resplandezca en el pueblo, para que conozca y comprenda con viva fe el significado y el valor de los sacramentos, que con inteligencia y participación personal puedan seguir las admirables ceremonias y la inefable belleza de la liturgia.

A los fieles del rito bizantino en Italia (18/10/1940)[6].

El papa recuerda que tanto él como sus predecesores cuidan de que se observen los usos legítimos del rito y las prescripciones de la liturgia, de modo que esa fidelidad suscite en los fieles el amor a la normativa eclesiástica y al culto divino. También sostiene que la diversidad del rito no debe ir en contra de la unidad de la fe y la caridad.

A la archicofradía de la adoración perpetua y de socorro a las iglesias pobres (1/V/1941)[7].

El espíritu de fe es el vínculo sustancial de los fieles con su parroquia, y esa fe se apoya en la materia. Aquí encontramos un eco de la actuosa participatio: «¿No es verdad que la participación asidua y activa en la vida parroquial y en sus obras, la asistencia frecuente a la iglesia y a sus funciones sagradas, resultarían facilitadas y ayudadas en grado sumo cuando el ornato de los sacros altares sea una dulce invitación y una potente atracción así para los ojos del alma como para la devoción religiosa, ávida siempre de belleza aun en las iglesias?».

Consideraciones y exhortaciones en torno a la oración (13/III/1943)[8].

En estas consideraciones el papa afirma que de todas las prácticas de piedad, la máxima, la más eficaz y de santa devoción es la participación de los fieles en el santo Sacrificio, por los cuales ora el sacerdote en el acto de ofrecer la víctima divina. También exhorta a gustar de la profunda belleza de la plegaria litúrgica de la misa y a participar activamente. En este sentido, considera el misal como el máximo libro de devoción e la Iglesia.

Encíclica «Orientalis Ecclesiae» (9/IV/1944)[9].

En esta Encíclica se vuelve a hablar sobre ala legítima libertad, el genio y la historia de los ritos orientales, fundados en una legítima y antigua tradición. Se vuelve a insistir en la unidad en la pluralidad de expresiones rituales.

Instrucción pastoral sobre los sacramentos (7/II/1945)[10].

En esta audiencia el papa habla de la ‘impresión psicológica’ que dejan las ceremonias eclesiásticas. El sacerdote debe realizar los ritos de forma majestuosa pero sin afectación, signo de fe profunda y de íntimo recogimiento.

Homilía en la “capilla papal” de la Basílica de Ostia (18/IX/1947)[11].

En esta homilía el papa alude a la expresión opus Dei, que refieren los benedictinos al Oficio Divino, a la que tienen tanta dedicación y diligencia. Describe la liturgia como omnis cultus Ecclesiae auctoritate constitutus

Encíclica «Mediator Dei et hominum» (20/XI/1947)[12].

Esta encíclica ha sido considerada como la Carta Magna del movimiento litúrgico. Los documentos posteriores, especialmente la Constitución Sacrosanctum Concilium, la tuvieron en cuenta como fundamento teológico-magisterial de las reformas que se fueron sucediendo. Salió al paso de la doctrina caseliana de los misterios, asumiendo parte de la misma y descartando algunas de sus conclusiones. También menciona algunos abusos y reinterpreta el adagio de Próspero de Aquitania dando primacía a la lex credendi sobre la lex orandi. Reacciona también ante un liturgismo exagerado y critica algunas tendencias y explicaciones litúrgicas de su tiempo. Se ha querido ver también en la encíclica las bases de la teología de la participación litúrgica[13].

El celo por el culto eucarístico (8/II/1949)[14].

El papa habla del celo por la belleza de la casa de Dios, la necesidad y urgencia de dar decoro a las iglesias y da las razones de la pobreza y miseria de los ornamentos en algunas iglesias: al egoísmo y a la indigencia.

Radiomensaje al Congreso interamericano de educación católica (6/X/1948)[15].

La instrucción religiosa debe ir unida al «santo temor de Dios, la costumbre de recogerse en oración, y la participación plena y consciente en el espíritu del Año litúrgico de la Santa Madre Iglesia, fuente de incontables gracias».

A los párrocos y predicadores cuaresmales de Roma (23/III/1949)[16].

Para el papa la misa es la sustancia y el sentido de la liturgia. Dispone al Año Santo (a. 1950), y se debe participar en ella de manera consciente y personal. Dicha participación debe tener una resonancia en la vida cotidiana, de forma que los propios sacrificios se deben unir al sacrificio de Cristo.

Constitución Apostólica «Munificentissimus Deus» (1/XI/1950)[17].

El papa usa el argumento litúrgico para probar el dogma de la Asunción. Cita documentos litúrgicos: Sacramentarium Gregorianum, Sacramentarium Gallicanum, etc.[18]

En el octogésimo aniversario de la Primaria Associazione Artistico-operaria (7/XII/1952)[19].

En esta Audiencia el papa habla del Adviento como disposición para la Navidad, y de paso describe la liturgia como ‘fuente preciosa y perenne de luz y de alegría’.

Discurso al sacro colegio y al episcopado sobre el sacerdocio y el gobierno pastoral (2/XI/1954)[20].

En este discurso, Pío XII advierte a los obispos acerca de la improvisación y el abandono en el cumplimiento fiel de las rúbricas. Ellas obligan a todos, incluso a los estudiosos en sagrada Liturgia. Este abuso iría en contra de los cánones (código de 1917) 1257 y 818.

Encíclica «Musicae sacrae disciplina» (25/XII/1955)[21].

En este encíclica se valora el canto gregoriano sobre el polifónico, aunque dicha preferencia se debe ajustar en lo que se refiere a otros ritos, sive occidentalium populorum, ut Ambrosiani, Gallicani, Mozarabici, sive variorum Rituum Orientalium. Los tesoros litúrgicos de canto (cantu liturgico pretiosos) de estas tradiciones se deben conservar. Se da una especial atención a los ritos orientales.

Discurso a los participantes al Congreso Internacional de Liturgia Pastoral (22/IX/1956)[22].

A. Bugnini destacó la importancia que otorgó Pío XII a este Congreso por medio de su discurso, junto con la intervención del entonces prefecto de la Congregación de Ritos, Gaetano Cicognani[23]. En ese discurso, Pío XII afirmó: «El movimiento litúrgico aparece como un signo de las disposiciones providenciales de Dios sobre el tiempo presente (signo de los tiempos), como un paso del Espíritu Santo en su Iglesia, para acercar ante todo a los hombres a los misterios de la fe y a las riquezas de la gracia, que corren de la participación activa de los fieles en la vida litúrgica».

Solemne conmemoración de la obra de Benedicto XIV (primera quincena de noviembre de 1958)[24].

Pío XII reconoce el empeño de cultivar los estudios litúrgicos, alabado anteriormente por P. Guéranger (Institutions Liturgiques, II, Paris 1880, 494).

Adolfo Ivorra

León


[1] Revisión del Salterio en 1945, la reforma de la Vigilia Pascual en 1951, las misas vespertinas y la reforma del ayuno en 1953 y la simplificación de rúbricas de 1955.

[2] Discorsi, I, 125s.

[3] Discursos y radiomensajes, I, 239-248. Audiencia general a numerosos peregrinos, junto con un denso grupo de recién casados.

[4] Discursos y radiomensajes, I, 435-437. Palabra dirigida a los esposos cristianos sobre la dignidad de María y el ejemplo de sus virtudes.

[5] Discorsi, I, 517-526.

[6] Discorsi, II, 265-270. Dirigido a los participantes del Sínodo inter-parroquial tenido en la abadía de Santa Maria di Grottaferrata.

[7] Discursos y radiomensajes, III-I, 75-82. Archicofradía instalada en Roma, en la Iglesia del Corpus Domini.

[8] Discorsi, V, 5-17. A los párrocos y predicadores cuaresmales de Roma.

[9] Discorsi, VI, 325-340. Con ocasión del XV centenario de la muerte de san Cirilo de Alejandría.

[10] Discorsi, VI, 307-321. Se trata de la audiencia anual a los párrocos y predicadores cuaresmales de Roma.

[11] Discorsi, IX, 235-241. Con ocasión del XIV centenario del tránsito de san Benito.

[12] Discorsi, IX, 493-561; Salamanca, 1963. Edición junto con la Constitución Sacrosanctum Concilium y estudio introductorio comparativo en: A. Nichols, A Pope and a Council on the Sacred Liturgy, Hampshire, 2002.

[13] Cf. M. Garrido, Grandes maestros y promotores del Movimiento Litúrgico, Madrid, 2008, 18-21.

[14] Discorsi, X, 369-372. Audiencia a la Arciassociazione deel’Adorazione perpetua e di soccorso delle chiese povere.

[15] Discorsi, X, 243-249.

[16] Discorsi, XI, 11-16.

[17] Discorsi, XII, 473-492. Definición dogmática de la Asunción en cuerpo y alma de María al Cielo.

[18] In liturgicis libris, qui festum referunt vel Dormitionis, vel Assumptionis Sanctae Mariae, dictiones habentur, quae concordi quodam modo testantur, cum Deipara Virgo ex hoc terrestri exsilio ad superna pertransiit, sacro eius corporis ex Providentis Dei consilio ea contigisse, quae cum Incarnati Verbi Matris dignitate consentanea essent, cum ceterisque privilegiis eidem impertitis.

[19] Discorsi, XIII, 413-418.

[20] Discorsi, XVI, 245-256.

[21] Discorsi, XVII, 571-588.

[22] Discorsi, XVIII, 465-479; Discurso al Congreso Internacional de Liturgia Pastoral, Barcelona, 1957. Cf. AAVV., Atti del primo Congresso internazionale di pastorale liturgica. Assisi-Roma, 18-22 settembre 1956, Genova, 1957 .Celebrado en Asís, aunque la Audiencia del papa fue Castel Gandolfo.

[23] Cf. A. Bugnini, La riforma liturgica (1948-1975), Roma, 1983, 24.

[24] Discorsi, XX, 453-472.


Adolfo Ivorra

Publicado en Pastoral Litúrgica 306-307 (2008) 73-79.