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Degollación de san Juan Bautista.


Oratio Admonitionis (Missale Hispano-Mozarabicum)

Queridos hermanos, con fe profunda y devoción generosa debemos celebrar la solemnidad del glorioso Juan, y alabar la santidad con que acaba su vida, con las mismas señales de elección divina con que empezó. Se va con el mismo testimonio de gloria celestial con que había venido. Cristo fue la causa de su muerte, como Cristo había sido la causa de su nacimiento, por obra del Espíritu Santo, que concentró su amor en él. En ningún momento se nota en él la debilidad de la naturaleza: en su concepción se cumple un vaticinio, en su acción el bautismo, en su muerte el martirio. La misma gracia está presente en el nacimiento del profeta, en el transcurso de la vida del docente, en la pasión del que amaba ardorosamente. Profetiza desde el seno materno, predica en el mundo, termina su misión bajo la espada. Lo elige la justicia, habla de justicia, es decapitado por la justicia. No es extraño que un varón dispuesto para proclamar a Dios con tantos méritos de santidad, al que no pudo acallar el seno materno, que no tuvo miedo a la espada del tirano y fue constante en no dar descanso a Herodes, en su defensa de la castidad, el que había silenciado a su padre por su incredulidad, golpeando así al rey con sus palabras, y al sacerdote [Zacarías] con el silencio, no es extraño, digo, que a este censor de la honestidad y de la ley, no le soporten las malas costumbres. La conciencia obcecada del orgulloso se revuelve contra el crimen de incesto que le imputa, y el furor provocado por la humillación anda queriendo perder al que le enseña, por no acertar a corregir lo que le está prohibido. Piensa que podrá ocultar la culpa poniendo en prisión al que se la echa en cara. El brillo del profeta se apaga en la mazmorra y la sangre que es preciosa para Dios, se valora como precio del baile voluptuoso de una cortesana, haciéndose espectáculo en un banquete pagano, para ser ahora ofrenda en esta religiosa celebración, gozo para los creyentes, ejemplo para los que han de creer, protección para la tierra, ornamento para el cielo. R/. Amén.
Por la misericordia de nuestro Dios, que es bendito y vive y todo lo gobierna por los siglos de los siglos. R/. Amén.