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El altar y sus accesorios en Oriente.

(Panfleto misionero de la Iglesia ortodoxa Rusa)
"En todas las épocas el Oriente griego tuvo, para designar el altar, un cierto número de nombres, entre los cuales dos sobre todo se han hecho clásicos: thysiasterion (Hebr 13:10) y trapeza Kyriou (Cor 10:21). Pero, hoy en día la expresión más usada es la de hagia trapeza.

El altar primitivo de las iglesias cristianas era, por lo general, una simple mesa de madera. Esta clase de altar-mesa se conservó en las basílicas constantinianas; hoy, es todavía común entre los orientales. Con alguna frecuencia, la plancha superior de la mesa descansa sobre un macizo o sobre cuatro soportes de madera, dando al conjunto un aspecto de sepulcro. Otras veces, descansa simplemente sobre cuatro columnas o bien sobre una sola, colocada en medio y denominada calamos o bomos.

Cuando se consagra un altar se emplea, para unir la mesa a su pie, una mezcla de cera, almáciga y mármol molido (keromastikós), a todo lo cual se añade un poco de polvo de reliquias.

Hasta el siglo IV, el altar se colocaba directamente sobre el pavimento, al nivel del plano del ábside; pero a partir de esa época, se lo comenzó a colocar sobre una plataforma (grada). Asimismo, desde el siglo IV, por decreto del Papa San Silvestre, se hizo obligatorio el construir los altares de piedra y no de madera. Entre los orientales se observa todavía esta prescripción: la mesa santa debe ser de piedra; el pie puede ser de otro material, pero debe estar revestido de láminas de oro o de plata.

En cuanto al ornato del altar, conviene advertir que durante los primeros tiempos, a saber, durante la época de las persecuciones, se pensó muy poco en ello; puede decirse que todo él se reducía a una gran profusión de lámparas de cobre o arcilla. Pero, acabadas las persecuciones, se pudo ya pensar en rodear al altar, elemento primordial del templo, de un mayor lujo. Téngase, sin embargo, en cuenta que con esto no queremos decir que se convirtiera el altar en un receptáculo de obras de arte. En realidad, sobre él solamente se colocaban los vasos sagrados y el santo Evangelio, único que era juzgado digno de figurar junto a la Eucaristía. Este uso se observa así entre los orientales. La decoración del altar, propiamente dicha, consistía en adornos de oro y plata, de prederías y esmaltes, de lujosos y riquísimos tapices colocados delante o sobre el altar.

Entre los paramentos actuales, es preciso señalar el hyphasma, trozo de lino con la imagen, o simplemente con el nombre, de uno de los cuatro evangelistas. El obispo lo coloca de modo fijo en cada uno de los ángulos del altar después que éste ha sido consagrado. Sobre los hyphasmata se extiende un primer mantel que por su nombre, katasarkion, recuerda el lienzo en que fuera envuelto el cuerpo del Salvador. Este mantel está fijo por medio de unos cordones que, cruzando la mesa del altar, se anudan alrededor del pedestal. Sobre éste se coloca otro segundo mantel, denominado endyton, ependitês o ephaplôma. Durante la celebración del santo Sacrificio se despliega un tercer mantel, el eilêton, que envuelve el antimension. Pero debe tenerse en cuenta que tanto el eilêton como el antimension no son paramentos del altar propiamente dichos, sino más bien lienzos sagrados destinados al momento de la celebración de los santos misterios.

El adorno característico del altar de las basílicas era, y sigue siéndolo todavía en casi todo el Oriente, el kibôrion, llamado también trullion, pyrgós. Se trata de un baldaquino fijo, soportado por cuatro columnas, que cubre el altar. Para provocar mayor veneración en el ánimo de los fieles, en los respectivos intercolumnios solían colocarse, en otro tiempo, unas cortinas que en determinados momentos se corrían, ocultando de ese modo el altar Este uso parece haber ido desapareciendo conforme se fue ampliando la estructura del iconostasio.

En algunos casos, bajo el kibôrion principal, existía, y aun existe en ciertas iglesias, un kibôrion más reducido cuyas columnitas se apoyan en los cuatro ángulos del altar: es el denominado peristerion, porque allí se coloca la paloma eucarística (perístera)

Por regla general en las iglesias orientales existe un solo altar Esta unicidad de altar es el símbolo elocuente de la unidad del Sacrificio. Por lo demás, la unidad de Sacrificio es también plásticamente enseñada por el rito de la concelebración de todos los sacerdotes en el único altar de la iglesia.

Sin embargo, la necesidad de facilitar, en los centros de mayor población, la asistencia a la eucaristía dominical y de otros días festivos, persuadió, con el tiempo, a tolerar en los domingos y días de fiesta la celebración de dos y tres eucaristías en la misma iglesia. Estas liturgias no se celebran en el mismo altar, ni por el mismo sacerdote, ni sobre el mismo antimension, sino en altares laterales.

Sobre la mesa del altar, junto con el libro de los Evangelios, se coloca la pequeña cruz "manual" con la que el celebrante bendice a los fieles en los ritos sagrados. Detrás de la mesa santa se encuentra el tabernáculo (artophórion) para la reserva de las sagradas especies ,allí donde no existe la paloma eucarística.

Detrás del tabernáculo, o encima de él, se coloca la cruz con la imagen del Crucificado, que domina todo el conjunto del altar. Más tarde hablaremos de los flabelos (hexaptérigos), especie de abanicos litúrgicos de metal que se colocan delante de los candeleros.

A la izquierda del altar se encuentra la próthesis. En ella se realizan los ritos de la preparación del pan y del vino destinados al Sacrificio. La próthesis debe estar cubierta al menos con un mantel, puesto que después de la comunión se transporte allí el cáliz, con lo que haya podido quedar de la Sangre y del Pan consagrado, para efectuar su purificación. Con frecuencia, junto a la próthesis se coloca un lavabo para uso de los ministros sagrados.

El ambón, especie de tribuna o de cátedra a la que se asciende por medio de uno o dos escalones, tenía en otros tiempos diferentes destinos. En la actualidad, éstos se reducen a dos: la lectura solemne del Evangelio y la predicación. Antiguamente se erigía en medio de la iglesia, en el eje de la nave: aquí tiene su origen el nombre de eukhê opisthambonos (oración teniendo detrás el ambón), dado a la oración final que sirve de epílogo a las oraciones de la liturgia y que el sacerdote recita en el coro, delante de la puerta santa y vuelto hacia el icono de Cristo que preside la primera fila de las imágenes del iconostasio; en otro tiempo, cuando el ambón se colocaba en medio del coro, el sacerdote se encontraba al recitar esta oración teniendo al mismo tiempo el iconostasio delante y el ambón detrás. Algunas iglesias tienen doble ambón, uno frente al otro. En la parte delantera de los mismos y formando un atril para colocar el Evangeliario, suele ponerse un águila de madera o metal con las alas extendidas.

Debemos señalar aquí la importancia que tiene en las iglesias orientales la cátedra episcopal. Se trata de la sede, más o menos rica, desde la que el obispo preside las asambleas litúrgicas y predica la palabra de Dios al pueblo. El nombre de trono o cátedra refleja perfectamente esta doble función que desde ella realiza el obispo. En realidad existen dos cátedras episcopales. Una, es colocada en el fondo del ábside, detrás del altar, como en las antiguas basílicas. El obispo se sienta allí cuando celebra la liturgia pontifical. A derecha y a izquierda, se colocan otras sedes destinadas a los concelebrantes, de ahí el nombre de synthronon con que se designa a todo este conjunto. El segundo trono o cátedra episcopal entre los griegos se coloca a la derecha de la nave, del lado de acá del coro. Está protegido por un baldaquino y sobreelevado respecto del pavimento por medio de dos o tres gradas. Este segundo trono recibe el nombre de archieraticós thronos o también despótikon. En Constantinopla, sin embargo, este término se usaba para designar el trono reservado detrás del coro para el emperador. Cuando, empero, el patriarca comenzó a ocuparlo con exclusividad se continuó denominándolo así. En las ceremonias no pontificales el obispo toma asiento en una silla más sencilla y baja colocada cerca del despótikon y llamada parathronos; en Constantinopla lleva el nombre de gedekion, que es de origen turco. Su análogo occidental es el faldistorio.

Entre los eslavos el segundo trono de ubica en medio de la nave central, sobre una tarima, mirando hacia el iconostasio.

Desde la edad media comenzó a colocarse una serie de sillas a derecha e izquierda de la nave destinadas al clero y a los cantores. Antes de esta época, tanto los fieles como los clérigos permanecían de pie. Sin embargo, a fin de que esta posición no resultara excesivamente molesta para los que tenían que soportar así ceremonias de una considerable largura, se permitía llevar una especie de bastón (dekanikion) para poder apoyarse en él. Este uso se conserva aún en gran número de iglesias coptas y maronitas, así como en muchos monasterios.

A la altura de las primeras sillas del coro se coloca un analogion, especie de pupitre destinado para colocar sobre él los libros de los cantores.

Un elemento muy peculiar de las iglesias orientales es el kérostâtes. Se trata de un gran candelabro colocado delante de las imágenes del Salvador y de la Virgen. El grueso cirio que en él se coloca permanece encendido durante las ceremonias religiosas. Las iglesias orientales se caracterizan por una extraordinaria profusión de lámparas colocadas delante de las imágenes y del altar.

En medio de la iglesia, de modo que todos puedan verlo, se coloca el proskynetarion, un mueble destinado a soportar el icono del santo cuya fiesta se celebra, o del titular de la iglesia. El nombre de proskynetarion le viene de las reverencias o inclinaciones respetuosas (proskynema) de que los fieles hacen objeto a dicho icono".

http://www.fatheralexander.org/booklets/spanish/templo_structura.htm