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Cuaresma hispano-mozárabe: Lecturas del Domingo I.

Comentarios a las lecturas del Liber Commicus:

Primer domingo de Cuaresma:

Profecía: Re 19, 3-14
Psallendum: Sal 78, 8-9a (año I); Sal 77, 19b-20ª.23-24a (año II).
Apóstol: Cor 5, 20-6. 10
Evangelio: Mt 4, 1-11

En el primer domingo de Cuaresma, en las primeras vísperas, se despide solemnemente el aleluya. El himno de ese oficio no cesa de repetir: “Alleluia perenne”. Sin embargo, el ayuno cuaresmal comienza el lunes. Por tanto, este primer domingo es un inicio parcial de la Cuaresma hispana, y esto se refleja en que todavía tiene un carácter festivo (Prenotandos, n. 154) y en que todavía encontramos una lectura profética en vez del binomio lectura sapiencial-histórica. La primera lectura y el evangelio tienen un ambiente común: el desierto. En la Profecía Elías tiene que atravesarlo para llegar al Horeb, lugar de la presencia de Dios. En esa lectura del libro de los Reyes de introduce el tema de la austeridad alimenticia que, en apariencia, puede ser insuficiente para atravesar el desierto. Alimentado en varias oportunidades con sólo pan y agua, Elías logra atravesar el desierto. Este hecho se reflejará en la eucología del día. Su trayecto mismo refleja el tiempo cuaresmal, que repetirá el evangelio: cuarenta días y cuarenta noches. En el desierto Elías es auxiliado por un ángel. Cristo, en cambio, es conducido por el Espíritu. Elías sólo se enfrentó al hambre corporal y a la persecución del rey Ajab. Cristo se enfrentó a las tentaciones del diablo. El final del camino de Cristo es el comienzo de su ministerio público, en presencia del Padre.
La lectura profética recoge la queja del profeta Elías, que dice que los israelitas han abandonado la alianza con el Señor de los Ejércitos. En el ámbito del inicio de la Cuaresma esto debe interpretarse como una invitación a la conversión. En efecto, el Apóstol exhorta a reconciliarse con Dios. De este modo, la Liturgia de la palabra se hace eco de la Cuaresma como el tiempo en el que el ordo de los penitentes se preparan para la reconciliación con Dios, el Viernes Mayor (A la hora de nona para la indulgencia). Entre las privaciones que sufrió el Apóstol los “días sin comer” y las “noches sin dormir” reflejan la austeridad alimenticia y las vigilias de oración. San Pablo pudo superar todas estas dificultades porque Dios escuchaba sus súplicas. Asimismo, la Cuaresma es también un tiempo de oración suplicante, en donde el orante se dirige a Dios en medio de la fragilidad de su condición humana y de las adversidades concretas de su vida.